Celebración diocesana en Cartaya de la Jornada Mundial del Emigrante

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El Secretariado Diocesano para las Migraciones ha celebrado este domingo en Cartaya la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, donde convive un importante núcleo de población inmigrante, acercándose a la realidad de estas familias. El acto central ha sido la Eucaristía, que se ha celebrado en la Parroquia del Apóstol San Pedro, a las 11.30 horas.

Bajo el lema, “Menores migrantes vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”, el Santo Padre «quiere focalizar la atención en los más pequeños entre los pequeños», según informaba el Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes el día de la presentación, subrayando que «muy a menudo, los niños llegan solos a los países de destinación y no siendo capaces de hacer escuchar la propia voz se vuelven fácilmente víctimas de graves violaciones de los derechos humanos».

Con ocasión de esta jornada, el Secretariado Diocesano para las migraciones, que dirige el seglar Emilio Muñoz, tiene por costumbre acercarse a la realidad migratoria de las distintas poblaciones que, especialmente vinculadas con el mundo agrícola, acogen a numerosos emigrantes en nuestra provincia. En esta ocasión, durante toda esta semana se ha mantenido una serie de reuniones, encuentros y convivencias con los emigrantes en Cartaya.

La celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado tiene origen en la carta circular “El dolor y las preocupaciones” que la Sagrada Congregación Consistorial envió el 6 de diciembre de 1914 a los Ordinarios Diocesanos Italianos. En ella, se pedía por primera vez que se instituyera una jornada anual de sensibilización sobre el fenómeno de la migración y también para promover una colecta a favor de las obras pastorales para los emigrantes italianos y para la formación de los misioneros de emigración. Como consecuencia de esta misiva, el 21 de febrero de 1915 se celebró la primera Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado.

Como siempre, los niños son los primeros sufridores de tanta violencia y la consecuente migración, especialmente de los territorios en guerra. En sus rostros y miradas, como la de los dos niños que aparecen en el cartel de esta jornada, se palpa la vulnerabilidad humana más radical. Más de 10.000 niños refugiados desaparecidos. Menores, inmaduros, necesitados de que se vele por su interés. Extranjeros que no gozan de la plenitud de los derechos del sistema jurídico. Niños sin acompañamiento de su familia o de un adulto responsable. Personas perseguidas por su condición de menores migrantes vulnerables y sin voz, que acaban atrapados en las redes de las mafias, en la trata de menores. Una tragedia humana tremenda y  muy desconsiderada social y políticamente.

En la provincia de Huelva, se calcula en torno a 7.000 inmigrantes que viven en asentamientos. Un total de 1.951 inmigrantes fue atendido en 2015 por Cáritas Diocesana, tal y como consta en la memoria del año 2016.

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