LABERINTO SOCIAL: ¿Qué será lo próximo?

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(Texto: Federico Soubrier) El juego de rol la “ballena azul” ha causado la muerte de más de un centenar de adolescentes rusos en los dos últimos años. Sorteando decenas de pruebas que atentan contra la salud de los participantes, culmina con una última que consiste en llevar a cabo el suicidio, simulando el supuesto final de estos cetáceos, los mayores animales que pueblan la tierra, varándose en la playa para dar fin a sus vidas.

Un diputado ruso propone legalizar las peleas de los ultras como deporte de cara a los próximos mundiales. Los ultras pelearían en grupos de veinte por banda, sin quedar muy claro el tipo de equipo o de armamento con el que podrían contar y, mucho menos, si las victorias se otorgarían según los litros de sangre o fracturas que sufriera cada jugador. Sería el resurgir de los anfiteatros y los gladiadores; lo mismo hasta habría que poner el pulgar hacia abajo obligando al Cesar a ordenar una ejecución colectiva.

No es de extrañar que allí naciera el juego de la ruleta rusa, que de todos es sabido se practica con un revólver y una sola bala, tras hacer girar el tambor, por supuesto pierde el que se pega el tiro en la sien. Curiosamente este burdo entretenimiento sentó las bases de muchos juegos macabros que se practican en la actualidad con la nefasta novedad de que la muerte se plantea a largo plazo, por ejemplo, cuando entre un grupo de adultos se mantienen relaciones sexuales al azar, a sabiendas de que uno de los participantes padece el síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Como todo en la vida, esto tiene una explicación por supuesto de tipo sociológico, el aislamiento y la falta de relaciones afectivas se hace tan insoportable que lleva a los individuos inadaptados a buscar el más mínimo elemento común como para unirse a un grupo compartiendo cualquier tipo de sensación, aunque esta sea la de malestar y angustia, promueve que entre ellos se sientan arropados y solidarios sin importar el coste que supondrá este efímero y nefasto beneficio.

Lo curioso es que a nadie se le haya ocurrido ubicar a varios políticos corruptos con aquellos antiguos  cepos de madera en medio de la plaza del pueblo hasta que los cuervos elijan a cuál se comen primero, y mientras, se admita hacer porras al personal para llevarse unos euros.

Me pregunto si nuestros juegos de niños en la plazoleta con parada para la merienda y vuelta a empezar, no fueron los que nos vacunaron contra esta peste moderna, esa que nace de la inconsciencia de dejar que los chavales pasen horas enganchados a las nuevas tecnologías, olvidando que el mundo existe, que está a un paso y constituye un realidad tangible e inigualable.

Sorprendentemente, los profesores se están desenganchando de las tizas e introduciendo móviles y ordenadores en sus clases convencionales.

No sé, ¿qué será lo próximo? Pero de momento no sería mala idea aprovechar y llevarnos un rato todos los fines de semana al parque a los chiquillos a pasear.

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