Carta al director: Agradecimiento al Hospital Infanta Elena

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(Texto: Fernando Pérez del Olmo)  El pasado miércoles 29 de marzo a las 22.45 horas fallecía mi padre de 85 años por un fallo multiorgánico causado por una colecistitis aguda. Había ingresado en la mañana del domingo 26 de marzo en las urgencias del Hospital Infanta Elena de Huelva, al encontrarse disfrutando de unas vacaciones del IMSERSO en Matalascañas en compañía de unos amigos en el momento de su ataque agudo.

En nombre de toda mi familia, quiero expresar públicamente el inmenso y sincero agradecimiento a todo el personal sanitario que en esos cuatro largos días atendió a mi padre en diferentes turnos en la tercera planta del Hospital, no sólo con una profesionalidad encomiable, sino con una calidad humana que se eleva sobremanera por encima de las penurias materiales y de los recortes a los que viene viendo sometida la Sanidad Pública desde hace varios años.

Desde la doctora de medicina interna, quien llevó clínicamente su caso, hasta la cirujana de guardia —que valoró como última opción la intervención quirúrgica—, pasando por todas las personas que se encargaron de los imprescindibles detalles de atención de sus necesidades clínicas (especialmente enfermeras y auxiliares), de su aseo personal, de la limpieza de la habitación o del traslado de mi padre para las pruebas… Todas y cada una de ellas hicieron mucho más que lo posible por cuidar de la salud y el bienestar de un anciano y, sobre todo, llegado el diagnóstico del fatal desenlace, por garantizar que su tránsito fuera calmado y exento de dolores. Tampoco olvidamos el respeto y la sensibilidad mostrados al procurarnos un lugar a los familiares para poder acompañar en la intimidad las últimas horas de nuestro padre.

Lamentablemente, el diccionario no acuña un término antónimo al de maltratar, que debería ser bientratar. Tal vez el lenguaje sea un síntoma de nuestra manera enfermiza de ver el mundo. Pero la dura experiencia de perder a un ser tan querido lejos de casa y de manera sobrevenida, así como el sentir la calidad y calidez humana de personas que en otras circunstancias no hubiera conocido…, me ha llevado a querer compartir públicamente la siguiente reflexión:

Si el Sistema Público Sanitario sigue funcionando hoy por hoy, no es por los méritos de ningún gobierno, sino fundamentalmente por la convicción y la vocación de las personas que hacen del cuidado cotidiano de la salud algo que va más allá de una manera de ganarse profesionalmente la vida. El sistema son estas personas que nos cuidan y nos “bientratan” y, como ciudadano, me siento agradecido y orgulloso de su labor.
¡Cuidarlas a ellas es algo que también nos concierne a todos!
Mi más sincero agradecimiento,

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