Congreso Internacional de Cambio Climático

VENTANA DEL AIRE: Si yo fuera humorista

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(Texto: Juan Andivia Gómez) Cuando viajábamos a Cuba, nos sorprendía ver cómo, al salir del aeropuerto, nos mendigaban revistas españolas; y nosotros, europeos, nada más y nada menos, lamentábamos la ausencia de libertad. A escondidas, nos preguntaban sobre los gobernantes y la política. No sé si seguirá siendo así.

Otro día, sucedió un atentado terrible en París y casi todos escribimos Je suis Charlie. Pues como “del más hermoso clavel…el áspid saca veneno y la oficiosa abeja, miel”, que dijo Calderón, hubo quienes aprendieron de esa dureza y, en el marco de nuestra civilización, pensaron en aplicarla.

Ahora no escriben Yo soy Valtonyc (el rapero de Mallorca condenado por sus letras) porque, claro, los de París eran islamistas radicales y el cantante no lo es de zarzuela. Yo tampoco lo escribo explícitamente, pero porque estoy cansado.

Tampoco soy Casandra, ni me gustan sus supuestos chistes, ni comprendo su obsesión contra el almirante, pero un juicio o una cárcel es la forma de represión que siempre han tenido los estados, cuando lo habitual no era la ejecución pública (como sigue ocurriendo en algunos). De aquí la grandeza de poder decir lo que nos plazca, para que nos respondan lo que les plazcan, excluyendo los medios públicos, especialmente en los horarios protegidos.

A propósito, hace mucho que no soporto lo necesario para saber qué lindezas se dicen en los Sálvame, ni a qué degradación se llega en los Y viceversa, pero estoy convencido de que si pudiera soportarlo, me sentiría ofendido por mis seres queridos, por mis hijas, por la mujer en general y en pro de los valores que defendemos muchas personas de este país. Así y todo, no se me ha ocurrido denunciar judicialmente a esos monigotes.

Está pasando como en ‘La familia de Pascual Duarte’, en la que Cela escribe guarros y añade “(con perdón)” mientras expone sin pudor las mayores atrocidades.

Todos tenemos nuestro coranzoncito y si a usted de molesta que se confunda un magnicidio con un acto terrorista, o se critique la absurda megalomanía del Valle de los Caídos, a otros, o a mí por ejemplo, nos ofende que se planteara santificar a Franco, que se hablara de glorioso alzamiento o que se siga confundiendo el abuso de poder de una agresión machista con la disputas domésticas y violentas.

Sí, la ofensa reside en la sensibilidad del receptor, pero el código penal debe intentar ser más objetivo, no vaya a ser que acabemos ahogándonos en un marasmo de querellas y, como en esa isla de hermanos que tanto demonizan esos “defensores de la libertad”, nos vigilemos unos a otros, para defender el honor de los muertos y de los que mandan.

A mí no me gusta la gran cruz del Valle ni por lo que significa, ni arquitectónicamente; me divierte El intermedio; los tuits con ingenio los agradezco, los insultantes no los comparto, no me gusta el rap; tengo amigos que me mandan cada día wasap sobre Venezuela, sobre los políticos, lo mala que es la democracia y lo poco que trabajan los maestros (¡qué sabrán!); y ni los denuncio, ni les contesto (aunque podría), ni voy buscando adeptos para apedrearlos.

Pero si yo fuera humorista, me detendrían.

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