LABERINTO SOCIAL: Ejemplo somero

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(Texto: Federico Soubrier) Aunque tú no lo creas, al igual que yo, formas parte de una hermandad, gigantesca, algo parecido en su estructura a las que se reúnen para celebrar las romerías, tan arraigadas en esta tierra, pero en nuestro caso, a lo grande, mucho más rentable.

Hablaremos de las chicas, de las del pueblo, a ver si sirve el ejemplo, de esas en las que hay que dar un fondo a escote para cubrir los gastos del chozo y sobre todo del avituallamiento, el de ese costo con el que podremos beber y comer pasándolo bien en compañía de nuestros amigos, aquellos a los adquirimos el derecho de invitar, sencillamente por nuestra aportación y por pertenecer a ese limitado grupo social.

Cualquier persona normal, quiero decir sensata, con dos dedos de frente, sabe que si su suministro equivale a dos cajas de cerveza y unas tapas sería mal vista si se presenta en la caseta con cien personas a las que agasajar.

Con todo ello quiero decir que existen unas normas, no escritas, que permiten una normal disposición de lo público, siempre sin abusar, lo cual genera un justo y equitativo devenir de la celebración y el desarrollo de la fiesta en la comunidad. Así debiera ser, y casi siempre lo es, pero en nuestro ejemplo no lo será.

Bien, pues yendo al meollo de la mega hermandad, de la que tú y yo formamos parte sencillamente por haber nacido en este país, sale a la luz que la camarilla del hermano mayor infla las facturas de las compras que vamos a realizar. Ellos se llevan parte del suplemento y el tendero el resto.

Pero la cosa no queda ahí, en vez de mandar el camión con las compras al chozo, la camarilla de espabilados hace que vaya realizando paraditas en las viviendas de los listos, repartiéndoles jamones y bebidas porque son muy chulos y más aguilillas que nadie.

Al parecer, en nuestro caso, el hermano mayor debe ser siempre un gilipollas y no se entera de nada, seguro que en el mejor de los supuestos, sin sospecharlo, come pata negra de estraperlo en casa de sus afortunados meapilas.

Por supuesto, antes habrán nombrado un administrador fiel, al que le tocan los embutidos en el sorteo, que defiende a muerte las cuentas retocadas y además no permite ni que se investiguen.

Qué tontos más listos gobiernan nuestra hermandad, roban y joden nuestra romería. Saben que aquella España de charanga y pandereta de Antonio Machado no está interesada en tener su mármol y su día, y menos su poeta, lo está en tomar un par de copas y tirarse unas coplas, sin querer entender para nada la noción de lo público, mirando para otro lado, deseando unas nuevas elecciones para reelegir a una nueva panda de canallas, que al parecer siempre tendrá un bobo a su mando y todo por tener un poco de juerga evitándose problemas.

Toda la culpa no es de los lobos, los corderos no tienen arreglo…

 

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