EL ESTERO: Oh! Carol, de Neil Sedaka

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(Texto: J. J. Conde)  Carol alimentaba sus tardes entre Chevrolets y palomitas de maíz en el Star Cinema de la calle 42. Con sus pantalones de cuero negro y sus coletas de colorines, Carol tenía siempre en un vilo amoroso a la pandilla de Ricky. Que Ricky languidecía cuando la pecosa Carol se mecía zigzagueante al ritmo de Elvis. Ricky se crecía orgulloso, y con el taconeo de sus botas tejanas creía que en sus brazos, más tarde o más temprano, caería rendida la preciosa Carol.

Pero Carol se alimentaba entre coches deportivos plateados y palomitas de maíz en el Star Cinema de la calle 42. Con sus vestidos almidonados y sus cabellos de oro ensortijados, Carol tenía en el alambre del amor a los hijos de Mr. Dalton. Que Robert Jr. Dalton “moría” cuando la muñeca Carol se quedaba mirando la luna, echada en el balancín de aquella terraza acristalada… ¡Oh, Carol!

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