TERETES: El cambiazo climático

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El congreso sobre cambio climático en Huelva suena a chufla. No más les digo que la conferencia inaugural ha corrido a cargo del indefinible e indefinido expresidente Zapatero. Y si encima se hace la foto con sus conmilitones susanistas Gabriel Cruz, Ignacio Caraballo y José Fiscal, la mesa está servida. A poco que alguien agregue una ramita de laurel crítico, las livianas patas del buró no podrían soportar el risible peso añadido. Venga, hombre, que suena a cuchufleta y pitorreo.

Cómo es posible que alguien pueda tomarse en serio a estos padrastros de la patria común e indivisible, con perdón de Pedro Sánchez. Qué credibilidad se concede a Zapatero, responsable, entre otras barbaridades, del tristemente famoso caso “Castor” que él aprobó en su día y que ha sido paralizado a causa de la aparición de movimientos sísmicos. ¿Es que alguien puede otorgar un mínimo de audiencia a  un alcalde (Cruz), a un presidente de Diputación (Caraballo) y a un consejero (Fiscal), onubenses que miran a lado distinto donde se ha ubicado la maldita balsa de fosfoyesos? ¿Cómo alguno de estos prebostes de la quincalla y del desecho, de lo sobrante y de la baratija, tienen  el impudor de promover un congreso sobre cambio climático y, al tiempo, contemplan impertérritos el ataque al paraíso natural de Doñana?

O estamos tontos o, de serlo, nos envilecen en nuestras propias narices. Qué chorrada es la que el señor Fiscal ha soltado por la boca acerca de la “exigencia de un nuevo contrato del hombre con la naturaleza y del hombre con el propio hombre” en pos de una economía más respetuosa. El mismísimo Rousseau tiene que revivirse de rabia cuando esta generación de politiquillos de orejas kilométricas jamás leyó “L´Émile” o “El Contrato Social” o siquiera su “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres” y, sin embargo, peroran, que no disertan, sobre el origen de la estupidez, a sabiendas de que esta habita en domicilio propio.

Entre la capitalidad gastronómica –que me tiene acongojado- y el 525 aniversario del (des)encuentro entre dos mundos -se necesita ser cursi-, a partir de mañana arrebatamos a Sevilla la capitalidad de Andalucía y a Madrid la centralidad del Reino de España. Mientras, los autobuses urbanos revelan su nivel de ecología decimonónica, despidiendo humos variadísimos que retratan a los anfitriones del congreso del cambiazo.

Como corolario: la plaga de la procesionaria. ¿Se va a seguir fumigando los campos de pinares o se han tomado ya medidas preventivas? ¿Se apuesta por la alternativa ecológica del “bacillus” o se prefiere la lluvia ácida del diflubenzurón? Lo mismo recurren a las aves insectívoras. Que nadie me diga que nuestros padrastros patrios no tienen idea del tema. Que nadie me lo diga porque me lo creo. Al Castor me remito. Madre mía, qué cuatro patas. Meteduras de pata que no es lo mismo. Cambiazo en toda su extensión terminológica. O sea, cambio fraudulento.

Solo nos faltaba que Villar Mir viniera a clausurar el congresito de las narices.

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