TERETES: Hasta la coronilla

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(Texto: Paco Velasco) El decretazo oral de Pedro Sánchez recuerda la patada en la puerta de su compañero Corcuera. Tal para cual. Sin embargo, pasa el tiempo y las actitudes cambian. El primero se fue para volver. Acaso el segundo no caiga en el vicio del retorno por necesidad. Los hábitos antidemocráticos marcan a fuego a algunos dirigentes del PSOE. Son señales indelebles de un sectarismo inserto en los genes políticos.

El problema de los vencedores primarios no está, ni de lejos, solucionado. Si acaso, aparcado. No me refiero a los múltiples coletazos que propinará el cetáceo acorralado. No. Lo que apunto es a la seguridad que proporcionará al militante perdedor una posición tan encontrada como la que se refleja. La pregunta no es: ¿se estima que se apuesta por la unidad del partido? Con ser importante el tema, no deja de ser coyuntural, puntual, estacional. La cuestión es de mayor calado. Se aposenta en la estructura. ¿Se añade un plus de peligrosidad a los derrotados de Patxi y de Susana? ¿Es cierto que se están retirando los retratos caudillistas de Felipe en las sedes de numerosas casas del pueblo?

Me explicaré a fin de no provocar alarma. Mao, el histórico líder de la revolución comunista china, creyó que la laboriosidad de su numeroso pueblo bastaba para acometer las grandes empresas económicas que precisaba el país. Convocó, pues, a millones de compatriotas a un trabajo extenuante que propiciara el desarrollo económico de su pueblo. Se equivocó. No es suficiente el querer. No triunfa, siquiera, el que puede. Es imprescindible el saber. Si falla éste, el derrumbe es total. Se manifiesta, una vez más, la tragedia de las buenas intenciones. El gran salto adelante de los chinos se tradujo en un batacazo de mil pares. No es posible el desarrollo  económico, cultural, educativo, etc. sin técnicos, sin expertos, sin científicos, sin peritos. Un albañil al uso podrá construir una casa pero nunca se responsabilizará de las torres Petronas. El tema, de tan obvio, es un axioma.

Pedro Sánchez es de los que piensan que si él, que posee estudios universitarios, no ha llegado a presidente, ni siquiera a ministro, es debido a que en su partido despreciaron su valía intelectual y su calidad profesional. Y ahora, agradecido el ánimo por el triunfo de la mitad de la militancia, se dispone a ordenar y mandar en virtud de su poder legal. Sin embargo, como carece de autoridad, nunca podrá dar ejemplo. Que los felipistas se arriscan, mazazo en salva sea la parte. Ojo, que la venganza fría puede causar desgracias de las que nos condolamos todos para muchos años. En cuyo caso, nosotros nos condoleremos, pero él se iba a enterar. El revanchismo se cura con la desmemoria que se gesta en la búsqueda del alimento regenerador.

La unidad de España requiere conocimiento y tacto. El PSOE no es un partido de partidos. Y menos, un grupo cautivo de la minoría de Iceta o preso de la deuda de las primarias de Lastra y otros. De ser así, mejor se baja en la próxima parada. Uno está harto de aficionados. Pero de dictadores de porra, hasta la coronilla, oigan. Hasta la coronilla.

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