TERETES: De petimetres

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(Texto: Paco Velasco) O de pisaverdes. O de señoritos mimados. O de gente maleducada. Allá por el siglo XVIII, Tomás de Iriarte caracterizó a su personaje principal como joven imprudente, superficial, indócil y de estragada conducta. El petimetre es un arquetipo repetible. Suele ser hombre que se da aires. Otrora, de aristócrata y elegante. Hogaño, de revolucionario, escuadrón Versace. Antes, presumido, acicalado y galante. Hoy, jactancioso, vacuo y amante de mujeres sumisas.

Por Albacete se denomina cagalindes a esta especie inextinguible. Se jacta de arrojado para enmascarar su cobardía. De tan pretencioso, fanfarrón y narciso. Pedante y engallado, desvela su egolatría. Como todos los vainas morales, sublima sus complejos. Pasa por doctor y se detiene en el umbral de su condición de agitador y propagandista. Entre vano y efectista, se estrella en el espejo de su banalidad.

Uno que reúne esos calificativos se enfrenta, en estos momentos, a la inanidad de su discurso. El muchacho sube al estrado de su propia deshonra. Moción que te crió, censura que te endosó. Triste paradoja del facha populista que deviene cínico aburguesado.

Al hombre cómpresele un púlpito. Con el púlpito, una tele. En la tele, un programa. Al programa, una vuelta de tuerka. A la tuerka, una goma venezolana. A ver si, así, al menos desahoga sus represiones infantiles y deja de mear colonia. El que quiera hacerse una idea de la imagen del personaje, zapee hasta llegar a la sexta de Ferreras. Hoy toca Congreso. Mañana, calle.

Petimetres.

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