La plenitud de Perera… y la juventud de Miranda

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Perera y David de Miranda salen a hombros(Texto: Javier García Baquero)   Ficha Técnica: Plaza de toros de La Merced. Segunda de Colombinas. Tres cuartos. Tarde de calor africano.
Seis toros de Torrealta, de muy buena presentación. Muy bueno el segundo, premiado con la vuelta al ruedo, y muy noble el quinto, peores cuarto y sexto. A menos el primero y con genio bravo el tercero.
Sebastián Castella, ovación y ovación tras petición
Miguel Ángel Perera, dos orejas y dos orejas.
David de Miranda, oreja y oreja.
Se desmonteran Curro Javier Ambel Posada, Barbero de la cuadrilla de Perera y Manolo Contrerás y Pedro Muriel de la de Miranda.

Crónica

La vida son momentos. Los toreros son momentos, Las faenas son momentos en que la balanza se inclina hacia el toro o hacia el torero, hacia el éxito o en pos de lo anodino.

Pues si hacemos caso de la premisa, el momento de Perera es el momento cumbre de un torero cumbre, en una plaza donde se siente y que lo sabe encumbrar hacia los más alto de su toreo, que es toreo de cante grande. Dos faenas distinta pero de momentos inmensos. Pudiendo siempre al toro, marcando los terrenos donde se ejecuta la pureza de las suertes. Hasta con el capote, que nunca fue su fuerte, domina Perera en este momento en el que ve toro en todo lugar. Además los duendes del toro hacen que los sorteos sean favorables, no sabemos si ese favoritismo es a favor del toro o del torero, porque la suerte es mutua. Y entonces Perera saca su muleta, la pone siempre templada, siempre tira del toro desde muuuuy alante hasta donde llega la expresión máxima del toreo en redondo, hipnotiza al burel puede con las coladas, toreo insólito que liga siempre porque siempre está colocado, siempre bien el torero pisando los sitios donde a otros les entra el miedo o la duda del miedo, o la duda de la duda.

Perera además los mata por lo civil o por lo criminal y es donde los triunfos hablan del momento… el momento Perera, ese momento al que nos tiene acostumbrados cuando aprieta la calor y remonta temporada el pacense, teniendo en Huelva un manantial de sensaciones positivas que echarse al esportón. El momento Perera que prolonga su cuadrilla con Curro Javier y Ambel haciendo que las ganas de ver a Perera sean ganas de ver a su gente dar lecciones de hacer las cosas de plata en un plaza de toros.

De Miranda está en el momento de hacerse, de crecer, de que la potencia de los que tienen se haga realidad delante de la cara del toro. Nos llevaba ilusionando cinco tardes, creciendo en vertiginosa ascensión hacia el olimpo del toreo. Hoy su triunfo no fue clamoroso, pero estas tardes son las que hacen crecer a los toreros, las tardes que los hacen pensar, las que hacen que el momento de crecimiento tenga un reposo, un paréntesis y el torero, en el burladero de pensar, se encuentre con su camino.

Un primer toro con más genio que bravura, que se colaba y se metía por dentro, con embestida incierta y con tres trayectorias en cada lance ante el que Miranda mostró firmeza, debe tener las espinillas marcadas a astillazos como el corazón cuando la espada todo en lo duro, tras entrar a matar por arriba y con verdad. El sexto era un prenda de colores. Miranda no sabe de atajos, en ningún momento de su carrera los ha buscado, y ante el toro malo volvió a ofrecer el concepto bueno que tiene de este arte viejo y puro de no mentirse ni mentir al toro llevándolo en los engaños. Se hizo el amo en el segundo tercio tras un quite escalofriante del de Trigueros y en la muleta decidió Miranda darle los terrenos del medio y allí quiso lucha noble cuando el morlaco buscaba carne y pedía sangre. Faena de hombre en momento de hacerse torero. Motivos siempre los de Miranda para esperarlo, hasta sus defectos, la honradez, la transparencia, nos resultan estimulantes en este momento de construirse de sí mismo sobre los cimientos del valor y la templanza.

Y luego Castella. Digamos que filosóficamente, además del momento la sustancia del torero es el ser. Castella es la verdad torera, pero una verdad que Huelva no le compra. Parece mentira que en esta plaza después de unas pocas tardes no haya rematado un triunfo sonante.

Hay toreros que tienen plaza, Perera la tiene en Huelva hace una década, Miranda también hace un lustro, cuenta Miranda por puertas grandes cada tarde en La Merced, pero Castella no ha entrado, por alguna inexplicable razón, en el corazón de esta princesa guapa que es la Plaza de Toros de La Merced y eso que entre los doscientos muletazos que ha pegado ha habido alguno de bella factura y pulcra ejecución.

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