Toros en La Merced: cuando la tarde no está para uno…, ni para tres

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(Firma: Javier García Baquero) Ficha Técnica: Plaza de toros de La Merced, Huelva Tercera de Colombinas. Casi lleno en tarde de calor sofocante.

Seis toros de Núñez del Cuvillo. Correctos de presentación salvo el feo tercero.  Malos sin paliativos los dos del lote de Morante, flojos y descastados.  Y el sexto de la tarde si queréis pasar, bueno el segundo, primero de los de Talavante; se dejaron el insulso tercero y el quinto

Morante de la Puebla: Silencio y leves pitos

Alejandro Talavante: Ovación tras aviso y silencio tras dos avisos.

Andrés Roca Rey: Oreja y silencio.

La crónica
Dice la gente del toro que cuando está para ti ni aunque te quites, y cuando no está para ti ni aunque te pongas.  Ese fatalismo llevado a término sería fatal tanto para la fiesta como para la vida civil.

Hoy todo parecía indicar que la tarde estaba para nosotros, una corrida venida desde El Grullo de muy buena presentación y con tipo de embestir, exceptuando la sardina tercera que se les coló o se lo colaron o nos lo colaron.  Tres toreros de los que tienen capacidad de gustar, emocionar, torear, poder, enamorar…. Una plaza de toros guapa como la Merced llena de gente guapa y aficionada, de Huelva y venida de fuera con ganas de divertirse, de pedir orejas, de ver cosas, de que pasaran asuntos importantes en el albero.  Pues sin embargo la tarde no estaba para nosotros, ni para ellos, ni para nadie, bueno solo estaba para el que vendía los abanicos en tarde de calor saharaui y que solo una leve brisa, que se equivocaba de vez en cuando subiendo desde la ría hasta el cabezo, impedía que nos asfixiáramos con los 42  grados húmedos que marcaban los termómetros.

Morante apenas pudo dejar detalles de su especial concepto con un lote infumable. Nada que decir del cigarrero que si bien al primero se lo quito pronto del medio con el segundo flojo y deslucido sí que anduvo porfión y alargando sin mucho sentido la faena. Agradecer que metiera la mano pronto en la suerte suprema.  Y agradecer dos verónicas que parece insuficiente para justificar una tarde

Talavante se encontró con un primero con disparo y movilidad al que supo dar fiesta por ambos pitones, marcando terrenos en lances de mucha expresión y quizás poca profundidad.  Alargó la faena, como si temiera el momento de tener que usar el arma toricida.  Nos lo explicamos en cuanto montó la espada, todo inseguridad, todo dudas,  extraña postura del codo, sin querer echarse encima. En ambas faenas perdimos la contabilidad de los pinchazos, media estocadas,  metisacas y resto de sucedáneos de una correcta ejecución del acto de matar.  En la faena al cuarto de la tarde, vistosa pero sin apreturas, Talavante se gustó hora compás abierto, ora compás cerrado, ora toreando largo ora acortando las distancias.

Y Roca Rey… ese torero peruano que en apenas cuatro años hemos visto torear en Huelva sin caballos, con picadores, como torero con cierto ambiente y como figura del toreo en el cartel de hoy.  Pues ese Roca Ret rey vio toro donde toda la plaza vio una raspa, para más guasa el error de los órdenes de lidia le otorgaba 560 kilos lo que provocó la guasa en los tendidos,  Y en ese toro que vio, tercero de la tarde, Roca Rey, mostró su especial tauromaquia, llena de matices, inventando, quizás falta abundar en el toreo fundamental y sobra alguno de los múltiples inventos. Cumbre su actitud, admirable su conocimiento de los terrenos, muy torera su forma de desenvolverse en la plaza  Y muy a tener en cuenta su valor seco, cada vez con menos aspavientos. El que pareció manso de inicios acabo entregando la cuchara ante la firmeza de Roca.  Al sexto, con la cara por allí arriba, sin entregarse, con embestida incierta lo lidió palabra exacta, el andino con mucha técnica y sin aburrirse,  tirando de su cara más profesional y del oficio aprendido en sus muchos años por esas plazas de Dios.

Y si fue la tarde, triste y desangelada. Y ya decimos sin fatalismo pero con certeza, que cuando la tarde no está para uno, no está. Y sin embargo cuando está para uno…. y esta tarde estaba para un benjamín rubio que cuando los toreros se iban de la plaza cabizbajos y meditabundos, sacó su capotillo de ilusión,  saltó cual espontáneo al ruedo y se inventó una faena a un toro inventado y levantó las ovaciones más sonoras de la tarde y salió a hombros de suponemos, su padre, como capitalista.  La tarde estaba para él.

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