Ese arte llamado del rejoneo

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(Firma: Javier García Baquero)  Plaza de toros de  Huelva. Cierre de Colombinas. Tres cuartos largos en tarde de calor propio de la estación y el sitio.

Seis toros de Los Espartales. En quinto lugar se lidió el sobrero por lesión del titular

Pablo Hermoso de Mendoza: ovación tras petición y palmas por Huelva

Andrés Romero, oreja y oreja

Lea Vicens, dos orejas y oreja

La Crónica.

Pues a esto que se ha celebrado en la tarde de este domingo en la plaza de toros de La Merced se le llama arte de rejones, o de marialva, nombre que toma de un ilustre aristócrata portugués, por cierto que siempre me gustó llamarlo arte de Cañero, por la importancia que el bravo militar  cordobés tuvo en el desarrollo de este arte, sus normas y evolución, como detalle, y por no extendernos en esto que se supone que es una crónica periodística sobre un festejo,  pues como detalle diremos que fue Antonio Cañero el que empezó a matar desde la montura y a torear vestido de corto.

Pues me sirven esas tres sintagmas como sinónimos, pero me cuesta “toreo a caballo”. Si torear es según definiciones “engañar al toro sin mentir” “Poder un toro dándole ventajas” “Lidiar con estética y en igualdad la bravura”…. Pues no me cabe el rejoneo en esas definiciones que me surgen al relance.

Me decía una figura egregia del toreo que sentía envidia sana de los rejoneadores, “Salen a hacer el paseíllo y una ovación, se lucen con los caballos tras el paseo y otra ovación, se meten para dentro uno a uno y otra ovación y cuando vuelven a la plaza para lidiar su toro, otra ovación … cuatro ovaciones garantizadas y yo para ganarme una bronca no veas las fatiguitas que tengo que pasar”

Dejadas las disquisiciones taurino-semánticas de este pobrecito contador de cosas de toros, digamos que la corrida de rejones de esta tarde ha sido un espectáculo agradable de ver, con un Pablo Hermoso de Mendoza, muy sobrado de técnica, muy justo de cuadra, demostró ante el apagado primero lo soberbio jinete de clásica que es y en el cuarto se mostró muy dominador de suertes, querencias y terrenos con apenas gestos en las ayudas que sólo pueden percibir los muy remontistas aficionados de esta tierra donde  se censan el mayor número de cabezas de equinos  por número de habitantes. Un detalle, intentó sin suerte una suerte que inventó en público en este mismo albero y al que bautizamos como hermosinas”, ese galope de costado cambiado de mano y sentido.

Decíamos de Cañero. Todo arrebato, todo, pundonor, todo monta brava delante de la cara del toro.  Brindò Romero a su cuñado, emotivo gesto con mucho significado para los que sabemos de la lucha de esta familia tan unida alrededor de Andrés. Luego el Los Espartales fue un mansito detrás de la mata con el que logró los momentos cumbre con el clásico Guajiro,  un caballo que tiene la misma rebeldía que su jinete de Escacena. Oreja de ley por sus ganas y toreria

Debutó  en el quinto bis Romero a Hidalgo un lusoarabe de los Hermanos Merino de Gibraleón, un alazano overo y una alegría por muchas partes,  por los creadores granos, por el compromiso en un tono difícil, por la valentía de un jugador que siempre arriesga.  Volvió a ponerlo todo desde la portagayola hasta el emotivo final con Bambú. Oreja arrancada por casta torera para abrir la puerta grande, como es norma de la casa desde que debutará Romero esta plaza.

Lea Vicens  ha debutado con buenas cerraduras en esta plaza.  Dos faenas muy emotivas ante el mejor lote de la tarde, todo pasión, todo teatralidad, todo vender “le poisdon”.  Y mucha toma, mucho esfuerzo, mucha capacidad de sobreponerse. Un primor la alumna aventajada del maestro Ángel Peralta, que a sus noventa y muchos años sigue lúcido y acompañando a la francesa en todos los desplazamientos de la francesa afincada en la Puebla, que son y van a ser muchos toda vez que está siendo apoderada por el francés Simón Casas, hoy en día factotum del toreo desde su atalaya de empresario de Las Ventas.

Y así acaban estas colombinas cuyos dos últimos festejos ya han visto desconocidos por el escaso juego del ganado y cuyo balance general no puede pasar de un bien alto.

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