Opinión: Yo no me callo ante la posverdad y la apología del fascismo

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(Firma: Alicia de Navascués Fernández-Victorio)   El 12 de octubre de 1936, en un Paraninfo de la Universidad de Salamanca lleno de fascistas, Miguel de Unamuno pronunció las ya célebres frases dirigidas al general Millán Astray y a sus compañeros golpistas: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.  A estas palabras le precedieron otras con un significado no menos importante: “Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia.” Este último pensamiento me inspira para lanzar esta reflexión a la sociedad onubense, a la española, ante la enésima agresión a la verdad, a la historia veraz, a la justicia, en nuestro país. No puedo mantenerme callada ante el artículo de opinión “Defensa de Millán Astray” firmado por Guillermo Rocafort y publicado en un medio escrito local el pasado 9 de agosto, supongo que al rebufo de la propuesta de cambio de nombre de la calle que este general tiene dedicada en Madrid.

Yo no habría reaccionado si Rocafort se hubiera limitado a relatar de una forma concisa, aséptica, los datos biográficos de quien fundó la Legión Española en 1920. Pero en su artículo realiza un ensalzamiento a la “grandeza y patriotismo” de Millán Astray, olvidando de forma selectiva el papel histórico que este personaje, junto con la Legión, tuvo en el éxito del golpe de estado de 1936 contra la II República, en la victoria de los fascistas y en la instauración de su larga y cruel dictadura posterior. Además, Rocafort acusa en su artículo a la Ley de Memoria Histórica de fomentar “legislativamente el maniqueísmo sobre nuestro pasado”. Curioso argumento que esgrimen siempre los que se quedaron únicamente con el relato de los vencedores (los golpistas), a cuyos muertos, por cierto, lloraron y enterraron, dejando sin embargo en las cunetas, aún hoy, para nuestra vergüenza, a miles de personas vilmente asesinadas. En el ataque a esta ley, Rocafort se suma a los relatores de la posverdad, tergiversadores de la historia, tan de moda. También a Rajoy, un gobernante que se vanagloria de incumplir la legalidad vigente habiéndola dejado sin presupuesto durantes su mandato.

Conviene encuadrar al autor del artículo, Guillermo Rocafort, porque con ello se comprende perfectamente su discurso y la ideología que lo inspira. La mera comparación que hace de Millán Astray con el Cid y Viriato ya es muy ilustradora. Este profesor de Derecho y Economía de la Universidad de Comillas, veterano legionario como él mismo se presenta, contestaba al ABC de Sevilla en  un entrevista en 2012 que la esencia histórica de España está “En nuestro valor y caudillos y en aquellos reyes que juraban defender ante los Santos Evangelios a las viudas y a los huérfanos, y lo cumplían”. También sostiene que Andalucía fue conquistada por almogávares castellanos, y propone el cambio de nombre de la comunidad por el de «Almogavaria». Afortunadamente Rocafort no tiene capacidad alguna de hacer efectiva su absurda propuesta, inspirada en su admiración, compartida con grupos fascistas, a las tropas de infantería empleadas por la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XV para la conquista de al-Andalus, conocidas por su resistencia, por sus escaramuzas y actos de rapiña.

Pongamos ahora un poco de luz sobre la penumbra que ha dejado Rocafort. Sin entrar a valorar los méritos militares de Millán Astray previos a 1936, podemos afirmar con rotundidad que era un fervoroso y convencido fascista, un entusiasta de Hitler, Mussolini y del “Caudillo” Francisco Franco. Con la instauración de la República se exilió voluntariamente  en América. Al enterarse del levantamiento de Franco y Mola regresó a España para unirse a ellos. En 1937 fundó y se hizo cargo de Radio Nacional de España, utilizándola con sus arengas como herramienta de propaganda por encargo de Franco. Por tanto, Millán Astray participó en la sublevación militar y en la Guerra Civil, y contribuyó a la instauración de la represora Dictadura franquista, negros  episodios sobre los que aún no se ha hecho justicia en este país, motivando la vigente Ley de Memoria Histórica.

Rocafort reclama en su artículo para Millán Astray un “estudio ecuánime y racional de su vida y circunstancias”. Él no lo ha conseguido. Si este general pudo merecer el nombre de una calle en Madrid en 1924, su contribución al golpe de estado, a la guerra y a la dictadura fascista posterior son suficientes deméritos para que ese honor le sea retirado hoy por un ayuntamiento democrático.

España es una anomalía en la Unión Europea. Somos la única nación que a estas alturas se permite ensalzar públicamente, en los medios de comunicación, a los fascistas militares responsables de guerras, asesinatos y largas dictaduras. Que, además, subvenciona con recursos públicos actos de apología del fascismo, como los concedidos a la Fundación Francisco Franco, al mantenimiento del Valle de los Caídos. Que no reacciona ante atropellos a la democracia como la existencia todavía de miles de muertos en fosas, o el mantenimiento del Pazo de Meirás en manos de la familia del dictador. Yo no me callo. La sociedad española debe rebelarse contra la posverdad. Porque no es Historia. Porque con ella no habrá Justicia en nuestro país.

 

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