Juan Ramón Jiménez, un apasionado del dulce de membrillo y el merengue de fresa

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Gran apoyo del pueblo de MoguerEl cariño, la admiración y la cercanía con la que Pepi Gallinato y Mª José Blanco, guías de la casa Zenobia-Juan Ramón Jiménez, hablan del poeta moguereño y su esposa, llenaron la presentación del libro ‘La cocina de Zenobia’, una obra que recopila recetas de la mujer de Juan Ramón e incluye curiosas revelaciones sobre el día a día de la pareja.

Dos años han necesitado Pepi y Mª José para dar forma a este inédito recetario que nació a sugerencia de la comunidad de herederos del Nobel, representada en el acto por la sobrina nieta del poeta, Zenobia Hernández Pinzón.

El director de la Fundación del Nobel Antonio Ramírez y la concejala de Cultura Lourdes Garrido abrieron al acto junto al responsable de la editorial Niebla, Rafael Pérez, ensalzando el trabajo, la dedicación, el mimo y el cuidado con el que las autoras del libro han afrontado este reto personal y profesional; y es que para estas dos moguereñas hablar de Juan Ramón y Zenobia es hablar de algo tan personal y tan suyo, que se sienten unas auténticas privilegiadas.

El libro por el que ha apostado la editorial Niebla nos traslada a la faceta más humana y cotidiana del matrimonio, haciéndonos participe del asombro que provocó en Zenobia su primera olla exprés o el exquisito trato que la pareja brindaba a sus amigos y empleados, y cómo la comida fue una manera de expresar ese cariño en todos los sentidos. De ahí los intercambios de recetas para cuidar el delicado estómago de Juan Ramón, los envíos de dulce membrillo a sus conocidos o el providencial regalo de jamón de Huelva y aceite de oliva que consiguió frenar una persistente diarrea del escritor.

Si hay algo que gustaba a Juan Ramón Jiménez era el dulce membrillo, un postre para él exquisito que pudo degustarse al final del acto maridado con vinos de Bodegas Sáenz. Entre sus golosos gustos estaba también el merengue de fresa de la confitería Victoria, que él mismo se acercaba a comprar cuando vivía en Moguer. Todo un lujo para el paladar del poeta moguereño, que no era nada exigente ni extravagante en sus gustos culinarios.

Como no podía ser de otra manera el acto se cerró con la firma de libros y con la cariñosa felicitación a las dos grandes protagonistas de este proyecto, dos moguereñas que desde su pueblo natal quieren seguir engrandeciendo la memoria del poeta y de la ‘americanita’ de Malgrat de Mar.

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