Bombero del Consorcio trabaja en la ayuda a refugiados en la costa mediterránea

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Evaristo Pérez, bombero del Consorcio Provincial en tareas solidarias (2)(Texto: Sindicato Andaluz de Bomberos)  No es la primera vez. Evaristo Pérez, el bombero nacido entre nosotros ya estuvo por las costas de Lesbos luchando contra las enrabietadas olas para intentar arrebatarle al mar el tributo, que en forma de vidas pretendía cobrarse a cuenta de los refugiados que huían por mar desde sus orígenes hostiles. Nos contaba por aquellas fechas que dormían menos de tres horas al día, que pasaban frío y que sus ojos presenciaban tristezas de difícil olvido, esa tristeza humana del que lo ha perdido todo, esa tristeza que te cala hondo pero que te acaba haciendo más hombre y más persona.

En esta ocasión, los voluntarios de la ONG a la que pertenece, PROEM-AID, se embarcan en la zona del Mediterráneo central, oteando barcas de refugiados en las que ya la esperanza esta tan exigua como el combustible o los pertrechos, refugiados que lo dejaron todo atrás por salvar lo único que les quedaba por salvar: sus vidas. Su embarcación de socorro se convierte en el único clavo ardiendo –permítase la paradoja- al que agarrarse puedan aquellos que en solo unas horas estarían siendo la hornadamásreciente de los náufragos habidos y por haber, de no ser por ellos.

En ocasiones durante las incursiones por la mar se avistan cuerpos ya derrotados, de los que no tuvieron la suerte de encontrar a tiempo un pasaje postrero junto a estos voluntarios. Cuerpos derrotados que ya son parte de la cadena trófica. Cuerpos derrotados que pesan como lastre en el ánimo de los que en cubierta del Lifeline luchan contra la náusea y el malestar que les regala la mar picada. La presencia de esos náufragos de hálito perdido pesan, pero Evaristo y sus compañeros saben que esto es así, que no han acudido a una lucha fácil, que tarde o temprano las víctimas se harán presente y emergerán como las setas en otoño. Resignados siguen mirando al frente, la vida les necesita a ellos, ahora más que nunca.

Cuando regrese, tal como le pasó en el episodio de Lesbos, vendrá con unos kilos menos, cansado hasta límites impensables, pero vendrá con la satisfacción del deber cumplido. La satisfacción que sólo pueden tener los hombres buenos.

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