VENTANA DEL AIRE: A largo plazo

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(Texto: Juan Andivia Gómez) Verán, lo de la violencia contra las mujeres no es un problema únicamente educativo, sino de defunciones; lo siento, pero es así y me explico: La educación tiene beneficios a largo plazo, ni siquiera quienes aprendieron en la escuela lo terrible de este efecto absurdo de dominación y de propiedad han podido, en algunos casos, eliminarlo de sus comportamientos: sus padres (él con la cervecita, ella en la casa); sus amigos, con chistes y bromas sobre la utilidad y el cerebro femenino seguían existiendo. La información es útil para quien la consume y el refranero, ay el refranero. Por tanto, estamos tratando de un problema de años, pero que tenemos que afrontar desde ahora.

¿Creen ustedes que ese porcentaje elevado de jóvenes que admiten esta clase de violencia no han oído hablar contra ella en la escuela? Claro que sí, pero su tribu le ha dicho lo contrario: “Mírala cómo va pidiendo guerra”; “Niña, no llegues a esa hora, que si fueras un hombre, todavía”; y muchas otras frases que todos conocemos.

Ese machismo estructural sigue existiendo; por eso, y por ser optimistas, se podrá resolver cuando las generaciones que han mamado lo contrario, desaparezcan.

En realidad, ha pasado con todo, en los primeros setenta del siglo pasado un querido amigo les hablaba del clítoris a unas mujeres reunidas en una sede institucional; hoy, a ninguna mujer joven hay que hablarle del asunto. En épocas también pasadas, se creía que los poemas debían tener siempre rima, especialmente quienes no habían leído la generación del 27 ni nada posterior; también fue desterrada esta confusión y quienes disfrutan con la poesía, saben que la cuestión radica esencialmente en el ritmo. Cuando aparecieron unos melenudos de Liverpool, los mayores los menospreciaron; y así ha ocurrido también con los conceptos de derecha e izquierda, con la moda, con la educación y con la familia.

Nada se consigue de un día para otro. Muchas veces, haya que dejar pasar siglos.

Esta preocupación nos atormenta hoy porque hay un principio de igualdad, aceptado universalmente; pero cuando los principios eran otros, nadie culpabilizaba a nadie. El ser humano adquiere la mayoría de sus potencialidades en los primeros años de vida, donde la familia extensa es muy importante. Y esta familia se renueva con las generaciones sucesivas.

No debe entenderse que abogo por la inacción; al contrario, sino por la esperanza de que lo que pretendemos se conseguirá a largo plazo y esos criminales se irán reduciendo hasta su extinción (ojalá), pero hay que esperar, hay que sembrar, hay que luchar en todos los frentes.

Siempre se habla de la educación; y está bien, pero recuerdo que la educación no se imparte únicamente en la escuela, sino sobre todo fuera de ella, en lo que rodea y configura el entorno social del niño. La escuela ayuda, pero está contrastado que la mayoría de estos sujetos que no nos gustan ya han protagonizado episodios violentos, absurdos, retadores y machistas en su adolescencia, en los institutos.

Allí se les ha intentado corregir o, peor, se les ha expulsado sin más, pero no se les ha dedicado una atención especial, más allá de socorrer o apoyar a los/las damnificados (que son ellos también). ¿Y si se les ayudara más allá de las horas de clase, no como causantes del mal comportamiento, sino como víctimas?

Si la escuela es una proyección de la sociedad, pongamos en ella todos los medios que dedicamos en la constituida por adultos; seamos consecuentes.

No hay que dejar la lucha contra la injusticia y la brutalidad nunca, pero desde todos las instancias, con todos los medios, en todas las edades, pero especialmente en las más confusas, en las más complicadas, en esas que llaman de formación de la personalidad.

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