Opinión: El sufrimiento de pacientes y profesionales sanitarios

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(Texto: Julia Hergueta) La situación está llegando ya a su límite y a la corona de hojalata de nuestra presidenta se le están cayendo ya hasta los rubíes de plástico, y esto no se arreglará hasta que no entienda que ni los ciudadanos son sus siervos de la gleba, ni los profesionales sanitarios sus esclavos.

Todos los días salen en los medios de comunicación casos de pacientes que sufren las demoras para ser atendidos en sus centros de salud (hasta 10 días); niños sin pediatra que les atienda; esperas en los servicios de urgencias de horas y horas; falta de supervisión en las mismas que origina que algunos hasta mueran esperando ser atendidos; esperas en camillas o sillones a veces más de 24 horas para ingreso en una planta (existiendo camas cerradas e inutilizadas por falta de personal); suspensión de intervenciones quirúrgicas por falta de profesionales, de anestesistas o de camas en las UCIs; desatención y deshumanización en el trato; larguísimas  listas de espera (que obligan a la resignación, el sufrimiento y el empeoramiento de las dolencias, o a tener que buscar en la privada lo que la pública, por cierto ya pagada con nuestros impuestos, niega); la falta de infraestructuras (muchas de ellas repetidamente prometidas, como el Maternoinfantil, los Chares, los centros de salud de Isla Chica, Valverde y Gibraleón, etc.) el deterioro de las instalaciones existentes (paciente de la UCI del hospital de  que se quemó el 20% de su cuerpo por la rotura de tubería de agua caliente, el derrumbe del techo de rayos en el Infanta Elena).

Pero los profesionales no disfrutan de mejor suerte: centros de atención primaria donde no se sustituyen las bajas ni los permisos y donde los compañeros, para cubrirlas, tienen citados pacientes cada minuto –¿esto puede ser calidad asistencial? ¿no es una falta de respeto a la dignidad de pacientes y facultativos?–, obligados a atender, además de su trabajo programado y a veces en lugar de él, las urgencias y emergencias, en pueblos alejados que carecen de equipos del 061, con jornadas laborales extenuantes, impensables en ninguna otra empresa “por la falta de sustitutos disponibles”, sin importar ni las repercusiones que esto tenga en su salud ni en la de sus pacientes (obviamente, el maltrato  de Andalucía, con los contratos de máxima precariedad en la sanidad española, renovados mes a mes e incluso por semanas y las peores retribuciones del país, a especialistas de alta cualificación, les obliga a la emigración y condena a Andalucía a un déficit que cada día será más grave).

Otro ejemplo de maltrato son los programas de choque contra las listas de espera. La administración amplía las jornadas de trabajo a los facultativos a las tardes. En el caso de Huelva se vienen realizando desde el mes de septiembre y, para “premiar su esfuerzo y dedicación”, el SAS aún no ha pagado a sus médicos por realizarlas cinco meses después ¿Así esperan encontrar más colaboración? Doña Susana y Doña Marina se colocarán su corona y su medalla a costa de la salud de los andaluces (pacientes y profesionales).

Pacientes y sanitarios estamos en el mismo barco y si es preciso amotinarse lo haremos. No podemos seguir con una capitana al timón irresponsable que, vendiéndonos el Dorado, nos tiene sufriendo y nos niega el pan y la sal ¿Qué es lo que funciona aquí? ¿Solo el látigo y la propaganda? Se acabó: Ni siervos de la gleba, ni esclavos.

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