Confluencia Podemos-IULV-CA: En política 2+2 no son cuatro

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La publicación de distintas encuestas con motivo del 28F ha dibujado un panorama político en el que se han disparado todo tipo de cábalas, al estar las elecciones autonómicas a un año de celebrarse.

Sin entrar en el detalle de lo que dice cada una de las encuestas, todas coinciden en: 1. El PSOE mantiene el tipo y sigue siendo la primera fuerza. 2 El PP baja y siente el aliento de Ciudadanos en su cogote. 3. Cs sube lo que se dejan por el camino los populares y los amenazan con ser incluso la segunda fuerza del Parlamento andaluz. 4. La espuma de Podemos comienza a bajar de manera importante hasta dejarse un tercio de sus diputados. Y 5. Izquierda Unida, como el PSOE, también mantiene el tipo, aunque sigue como cuarta fuerza en litigio.

Ante esta situación, algunas voces críticas en IU ya se han alzado para que la coalición dé marcha atrás a la confluencia electoral a nivel andaluz con Podemos, tal como la realizada por Alberto Garzón a nivel nacional en 2016.

Las encuestas sitúan a Podemos en torno al 10-11% de los votos. Y colocan a IU entre el 7-8%. Una simple suma de ambos porcentajes arrojaría un apoyo conjunto del 17-19%, que colocaría a esta coalición muy cerca de los porcentajes que el Egopa otorga tanto a Cs como el PP, ambos en el entorno del 18-20%

Visto con esa simpleza, el cálculo numérico de una coalición de Podemos e IU parece incontestable. El problema es que en política, al contrario que en las matemáticas, 2+2 no suman siempre cuatro.

Y como muestra un botón: en las generales de 2015 Podemos sumó 5.189.333 votos e Unidad Popular (IU para entendernos) contabilizó 923.105 votos. Si las matemáticas hubieran funcionado con normalidad, en la repetición de las generales en 2016, ni un años después, cuando ambas formaciones acudieron juntas a los comicios debían haber obtenido seis millones de votos y habrían superado al PSOE. ¿Qué paso? Pues que la política demostró que en este campo 2+2 no suman cuatro y Unidos-Podemos sumó 5.049.734 votos. Justo un millón de votos menos de lo que hubiera sido previsible.

Cierto es que el balance en escaños fue idéntico. En 2015 sumaron en total 71 (los 69 de Podemos y los 2 de Unidad Popular), los mismos que en 2016 lograba Unidos-Podemos. ¿Pero qué pasó con el millón de votos que se esfumaron en menos de un año? Eso mismo es lo que se preguntan ahora mismo en IU algunos críticos, que no quieren perder su identidad como grupo en Andalucía, a los que no les salen las cuentas y además reflexionan en voz alta: Si una alianza con un Podemos en plena efervescencia y el viento de cola no sirvió sino para perder un millón de votos por el camino y quedarse con los mismos escaños, ¿qué sentido tiene aliarse con una formación a la que el viento comienza a soplar de cara?

 

 

 

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