Flamenco de altura con Marcelo Sousa en la Fundación Cajasol

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(Texto y foto: Paco López Cruz) Comenzar diciendo que, si grande fue lo que nos ofrecieron el cante de Marcelo Sousa y el toque de Antonio Carrión en el segundo recital flamenco del ciclo ‘Generación Flamenco’ que patrocina la Fundación Cajasol, grande, para este aprendiz, fue la conversación mantenida con el cantaor (tan buen cantaor como persona).

El tiempo se pasó volando, no escuchándose ni el ruido de una mosca, solo los olés y los aplausos cuando procedían. Señores y señoras. No me canso de repetir que la única fusión, sin despreciar las otras, es el cante y la guitarra. Ahí hay que morir. El “ruido”, que para otros eventos si vale, solamente tapa las deficiencias de quién canta.

Comienza con catiñas (Romeras y Mirabrás) con letras suyas y que durante el pasaje mientan a Punta Umbría, Huelva, Club Raúl, Paco Toronjo y “Niño Miguel”. ¡Ole los que saben lo que cantan!

Peteneras, la chica, la grande y la de “Niño Medina”. La entrega es total, llevándolas de arriba abajo con las dificultades que encierra una voz como la suya (estaba un poco acatarrado).

Tientos – Tantgos. Cante grande el suyo por tientos, sin dejarse nada en el tintero, escribiendo los renglones por derecho, para acabar por unos tangos llenos de compás.

Cante por soleá. Todo suena a añejo. Otros creen que añejo es un jabón o una marca de colonias.

Guajiras. Hasta ahora no he dicho nada del tocaor. Lo de este palo y el toque es para aplaudir sin manos. ¡Qué maravilla! Cómo sonaban las seis cuerdas. Llevaban y traían al cantaor. ¡Cante grande, cante chico! Quien lo canta y lo toca lo hace de uno o de otro (aunque hay palos que si no puedes, no te metas).

Seguiriyas. Los puertos, Sanlúcar, con cierre espectacular del Tuerto la Peña ¿Antonio Mairena? (Seguiriya que se hace muy poco. ¿Por qué será? Lo da todo.

Bulerías. Cádiz, acoplada (gran dominio el suyo). Letras casi todas suyas, sencillas, agradables al oido. Sensacional.

He dejado para lo último la labor de Antonio Carrión. Como fiel escudero, está a lo que le dice el cantaor. Pero, ¡ay, amigo!, el 50% es suyo. A un no entendido como este que escribe le suena a la furia del viento y a la placidez del río manso. Es como un huracán que se convierte en apacible aire y pasa sin notarse, dejando su huella. Su toque predispone al cantaor porque su sonido ya es cante.

En definitiva, otra gran noche vivida ayer viernes en la Fundación Cajasol dentro del ciclo ‘Generación Flamenco’.

¡Flamenco es flamenco!

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