TERETES: Sancta sanctorum del fascismo

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(Texto: Paco Velasco) La burguesía ultraconservadora representada por Pujol y Mas, el obrerismo gregüesco de Junqueras y Tardá, la irrupción mediática de Puigdemont y los medios de comunicación comprados por la Generalitat, constituyen los ingredientes básicos que han horneado a fuego lento la desbordante masa de fascismo institucionalizado que asuela Cataluña. Son herederos a beneficio de inventario del gran patriarca que dictó la política nacional desde 1936 a 1975. Se hicieron con las ganancias y no pagaron una deuda.

Creyeron, creen, los supremacistas del Cup Clup Cupklan que las dos vías principales para imponer su delirante superioridad son dos. La primera, la capacidad de plegarse ante el dinero y los privilegios que les proporcionó Don Francisco. La segunda, su versatilidad picaresca de venderse como intelectuales a sabiendas de que su horizonte cultural raya entre la penosa dialéctica de Rufián y el tétrico discurso de El Nacional.cat de Antich.

Hay una fórmula mágica para detectar el fascismo. Consiste en realizar acciones que provocan un reaccionarismo en cadena. Inténtenlo. Por ejemplo: si está en Cataluña, rotule su empresa en castellano, critique la doctrinaria política educativa de la fugada Ponsatí, proteste por la campaña de inmersión lingüística machacada a fuego y acero, defienda la pluralidad de pensamiento o hable en castellano si le aborda un guardia urbano o un mosso, y así. Se lo comen vivo. Usted y toda su parentela se hallan en peligro grave.

Y si les viene en gana, te dejan en manos de los comités de defensa de la república. Y ahí ya la hemos jodido. O los comandos de Arran, tan semejantes a las juventudes nazis. O los grupos de defensa de la manipulación de la historia. O las prácticas antiespañolistas a modo y manera del antisemitismo de Hitler. Parafraseando al gran Borges, Hitler exacerbó el odio preexistente a los judíos, pero el antiespañolismo del independentismo catalán viene a ser un facsímil atolondrado que ignora lo étnico y lo histórico.

La Generalitat es el sancta sanctorum del fascismo independentista. Su lugar público pero misterioso y ultra reservado. El guardián actual es el apellidado Torrent. El gran hermano sigue siendo, sin embargo, Jordi, el banquero procesado. Oigan, que este síndrome no se quita con paños calientes ni efecto placebo. Es necesaria la ley vigente y chorros de agua hirviendo para eliminar la infección. Y paciencia pero constancia.

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