Manifiesto 22-M: En defensa de la Justicia y la profesión de abogado

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(Texto: Red de Abogados Huelva) Nuestra constitución, en sus siete primeras palabras, afirma que es el establecimiento de la justicia la primera razón de ser de nuestro estado. Sin embargo, cuarenta años la Justicia agoniza en España acosada por inicuos intereses políticos y económicos.

Nuestra justicia agoniza porque es víctima de presupuestos crónicamente famélicos.

Nuestra Justicia agoniza porque carece de los medios materiales y humanos mínimos para atender a las demandas de justicia de los ciudadanos.

Nuestra justicia agoniza porque, lejos de dictarse leyes que le permitan funcionar eficazmente, se aprueban disposiciones para que se atasque irremediablemente, como por ejemplo, los ominosos juzgados hipotecarios que nadie quiere, salvo el gobierno y los propios bancos.

Nuestra justicia agoniza porque las infraestructuras informáticas que se han implantado en ella no están ahí para servir a los titulares del poder judicial, sino a gobiernos estatales y autonómicos.

Nuestra justicia agoniza, en fin, porque nuestros gobernantes prefieren que sea la sumisión y no la independencia el principio que rija su funcionamiento.

Nosotros, los abogados, somos los llamados a defender de la injusticia a nuestros conciudadanos. Somos, no solo quienes defendemos a los agraviados, sino que somos también quienes mantenemos viva la esperanza de todos de que alguien les defenderá si son víctimas de un abuso.

Y molestamos, claro.

Molestamos porque a ningún poder, económico, político o ideológico, le gusta que los ciudadanos puedan discutir con ellos sus acciones en pie de igualdad.

Molestamos porque nosotros somos quienes hacemos posible que cualquier ciudadano pueda enfrentarse a la injusticia independientemente de quien sea el autor de la misma.

Molestamos porque, sobre el esfuerzo e incluso el hambre de muchos compañeros y compañeras, descansan las esperanzas de justicia de la población.

Y, como los abogados y abogadas independientes molestan, tratan de acabar con ellos:

Tratan de acabar con ellos pagando miserablemente la defensa de los ciudadanos más pobres, pagando tarde y mal un servicio que el estado debiera garantizar a todos, pero que reposa en exclusiva sobre el impulso ético de una abogacía maltratada.

Tratan de acabar con ellos reduciendo aquellos sectores de la actividad económica donde los ciudadanos pueden acudir a los tribunales a pedir justicia. Despenalizando masivamente los accidentes de tráfico, por ejemplo, se ha buscado acabar con decenas de miles de abogados que salvaguardaban los derechos de las víctimas de los accidentes frente a las aseguradoras.

Tratan de acabar con ellos buscando convertir su actividad profesional exclusivamente en un negocio, extirpando todo aquello que de moral y bueno hay en la profesión para tratar de convertirla exclusivamente en un negocio ajeno a toda dimensión ética.

Tratan de acabar con ellos impidiendo a abogadas y abogados poder tener una vida familiar digna de tal nombre, impidiéndoles a nuestras abogadas poder ser madres en unas condiciones mínimamente dignas; impidiendo a abogados y abogadas enfermar sin que los plazos les sigan corriendo y obligándoles a ocuparse antes de los intereses ajenos que de su propia salud.

Y tratan, finalmente, de acabar con ellos promoviendo retribuciones indignas para los abogados y limitando los efectos de las costas para los más poderosos.

Sin embargo, no lo van a conseguir.

No lo van a conseguir porque hoy estamos aquí, porque hoy con nuestra presencia, estamos mandando un mensaje claro y directo: no podréis hacerlo.

Digámoslo alto: No se puede gobernar contra la justicia, no se puede gobernar contra el pueblo, no se puede gobernar contra la razón; porque la justicia, el pueblo y la razón siempre han tenido una estirpe especial de hombres y mujeres que las han defendido y esos son los abogados y las abogadas; los que estamos aquí hoy, en pie, manifestando con nuestra presencia y nuestra actitud que, quien quiera agredir a la justicia, nos tendrá siempre enfrente y no le saldrá gratis.

Se equivoca quien crea que no somos capaces de retomar el control de nuestro futuro, se equivoca quien piense que puede someternos a disciplinas y cauces distintos de los que nosotros mismos elegimos. Se equivoca quien crea que la abogacía española, independiente y libre, está muerta o adormecida.

A todos cuantos interese: sabed que hoy la justicia está en marcha, que la abogacía está en marcha y que, frente a la razón y la justicia, no tenéis más opción que retroceder.

Los abogados y abogadas seguirán aquí, dadlo por seguro.

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