Acción de Greenpeace en Huelva contra las balsas de dragados de la ría

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Este jueve, a bordo del barco Esperanza, Greenpeace ha denunciado “la grave contaminación que se acumula en las balsas de dragados de la ría de Huelva”. Nueve activistas de diferentes países han desplegado, frente al Espigón Juan Carlos I, una pancarta de 50 metros de largo y 6 de ancho con el lema: “El mar no es una cloaca” y pancartas de mano con los mensajes: “Marismas sin contaminación” y “El Parque Natural no es una cloaca” para exigir que los lodos tóxicos de las balsas de dragados se descontaminen y se trasladen a un lugar adecuado y que se ponga fin a la destrucción de este espacio protegido.

Explica Greenpeace que “el polo químico de Huelva es uno de los más grandes de Europa y lleva liberando a la ría durante años sus residuos contaminantes. Estos lodos tóxicos están siendo dragados por las autoridades, es decir, los sacan del fondo de la ría y los depositan en la peor zona que han podido elegir, el espigón Juan Carlos I. Esta zona es dominio público, y hacer cualquier tipo de vertido es una actividad prohibida por la Ley de Costas, y también por tratarse de un espacio natural protegido, catalogado como Reserva de la Bioesfera”.

Según denuncia la asociación ecologista, “las balsas que contienen los lodos contaminados ocupan una extensión de casi siete kilómetros, no están cerradas ni tampoco están impermeabilidazas por su parte inferior, se trata de una montaña de tierra tóxica totalmente expuesta. La dispersión de los tóxicos por arriba y las filtraciones por abajo son continuadas al estar a merced de los fuertes temporales que tienen lugar cada año. La contaminación puede dispersarse grandes distancias, algo extremadamente peligroso para los habitantes de las localidades más cercanas, la ciudad de Huelva y Mazagón, situadas a escasos kilómetros, y también para el entorno natural tan valioso que lo rodea, las Marismas del Odiel, y Doñana”.

“El dragado de los lodos de la ría tiene el objetivo de hacerla más profunda para permitir el paso de los grandes barcos que necesitan acceder, precisamente, a las industrias del polo químico de la ciudad. Se trata de una actividad dirigida a las necesidades de empresas privadas que pone en riesgo la salud de la ciudadanía y del medio ambiente”, se indica desde Greenpeace.

“A esto se le suma una fuerte presión urbanística, donde un 11,7% de la costa de Huelva está urbanizada, según nuestro estudio A Toda Costa. Se trata de un dato muy elevado teniendo en cuenta que casi la mitad de la superficie costera son espacios naturales protegidos en los que no se urbaniza. Tremenda urbanización que implica la pérdida de bienes y servicios ambientales fundamentales para las personas y el ahogo que supone para los espacios colindantes de increíble excelencia natural”, se asegura.

 

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