David de Miranda vuelve a Toro un año y un día después para triunfar

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(Texto y fotos: Javier García Baquero)  Plaza de toros de Toro (Zamora). Media plaza, escasa entrada de bochorno lloviznando en algún momento durante la lidia. Toros de Juan Albarrán, de aceptable presentación, desiguales adoleciendo en general de falta de casta. Mejor el segundo.  Alberto López Simón: ovación y dos orejas. José Garrido: oreja y oreja. David de Miranda: dos orejas y oreja. Saludaron en banderillas Antonio Chacón y Osuna en el cuarto y Fernando Pereira y Pedro Muriel en el sexto.  Tras deshacerse el paseíllo, la plaza obligó a saludar a David de Miranda que volvía al escenario donde surgió la tremenda cogida hace justo un año. Tanto López Simón como José Garrido le brindaron sendos toros.

Era una tarde muy especial para el matador de toros David de Miranda, que un año y un día, como una condena, después de la tremenda cogida sufrida en esta misma plaza volvía a torear. Ni un matiz, ni un atajo, ni un momento más allá de lo necesario para acordarse de aquello y a torear. En su cuarta corrida después de aquella cogida que pudo ser trágica y poco a poco se va convirtiendo en un recuerdo de los que hacen toreros machos, David de Miranda desde el recibo de capote, desde el quite, desde el momento que cogió la muleta y se fue los medios y hasta el momento en que metió la espada hasta donde pone fue una lección de hombría, de saber estar delante de un toro, todo suavidad, que buscó a pesar de que el toro ayudaba poco, pero el torero supo tomarle la medida exacta. Dos orejas justas a una faena y a muchas cosas que se vieron refrendadas con la que cortó al cerraba la plaza, otro toro con poca casta y peligro sordo, faena de la casa, con mucha verdad y la sencillez de los toreros de alma limpia.  Valor, torería y personalidad, dentro de un concepto muy clásico. Sigue creciendo este torero al que se le puede esperar siempre.

López Simón se fajo con el que abría plaza, un toro nada fácil e incómodo. Faena muy pulcra del madrileño con mucha verdad y cercanía, querencioso y con malos finales el albarrán. Estocada al encuentro de sabor añejo.

Garrido está en buen momento, además es un torero que tiene la virtud de que sabe torear, esa virtud a veces se vuelve en contra de quien la ostenta, traducida en frialdad o en cierta falta de transmisión, no es el caso de Garrido que está en su momento, conoce los toros, elige los terrenos, tiene valor y torería suficiente para cuajar desde el capote hasta la espada a cualquier enemigo, incluso los dos que sorteo hoy, quizás el mejor lote, pero no por eso ni fácil para el torero ni fácil de darle mérito desde la grada. Oreja y oreja

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