LABERINTO SOCIAL: El sindicato de las prostitutas

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(Texto: Federico Soubrier) Como de costumbre me planteo si es oportuno tocar este tema, evidentemente no lo es, pero como casi siempre me va a dar igual.

Mi punto de partida es que desde el inicio de los tiempos las sociedades han necesitado de la colaboración de las prostitutas y yo diría que más que de la de los enterradores, que ya es decir.

Aseguraría que han contribuido a mantener más de un fallido matrimonio, porque la gente, a veces, busca fuera lo que no tiene en casa y, sobre todo, para frenar la efervescencia sexual de bastantes tarados, evitando violaciones por culpa de una testosterona incontrolada y agresiva.

Las señoras o señoritas a las que despectivamente se llama putas tienen una necesidad perentoria de sobrevivir en un país en el que los políticos se han llevado casi todo y no han dejado medios ni capital para que las personas como ellas, por ejemplo, puedan subsistir.

Debes entender que parte de nuestro dinero público lo emplean en los prostíbulos muchos políticos, independientemente de colores, pero no en la misma proporción para celebrar sus éxitos o sus fracasos. Esos que arengan la igualdad ciudadana y dicen que esta profesión es ilegal (los medios atinan un poco más y la adjetivan de alegal) utilizando a esas mujeres sin el más mínimo prejuicio, comprando posturas de todo tipo o acompañamiento cuando la viagra no funciona, mientras defienden de cara al público los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras en busca de votos.

Es comprensible que habiendo chulos de por medio y mafias que trafican con el sexo la cuestión sea un tanto complicada. Además aprecio cierta desigualdad de género en este naciente sindicato que creo durará poco por cobardía política ya que se prostituyen tanto unos como otras. Si hubiese un sindicato serio, tema también a reflexionar, lo mismo tendrían una defensa legal, una formación sanitaria y una seguridad personal algo más completa. No olvidemos que quizás cotizarían y pagarían sus impuestos al igual que Hacienda quería controlar las propinas de los camareros.

Respeto lo mismo a una prostituta que a cualquier profesional que vende al capital sus conocimientos, sus habilidades o su físico, lo mismo da. Qué diferencia hay, qué más da que negocies con una carrera superior, todo se vende y todos nos prostituimos de alguna manera. La primera corre más peligros, ha de tener la habilidad de convencer con su cuerpo, tiene que tener más estómago y según su estatus lo mismo gana más en un par de horas que nosotros en un mes, o tiene la desgracia de salir mal parada con una paliza a fin de que el usuario se ahorre la minuta.

De los sindicatos no puedo decir otra cosa que “ no son la panacea, pero son necesarios” y que al igual que acogen los sectores del campo, del metal, la hostelería o de lo que sea, tendrían que tener en cuenta el de la prostitución. Otra cuestión sería la de la afiliación y ver si a quien la ejerce realmente le interesa, se lo cree, y por supuesto que el poder ejecutivo tomase de inmediato la cuestión, algo así como lo del Valle de los Caídos en tres meses de gobierno. El legalizar la prostitución sería una cuestión normal, dándole su espacio y su control.

Tanto en Alemania, como Austria, Holanda y Suiza, la prostitución es legal, tienen zonas protegidas e íntimas, no sexo en plena calle o parques como aquí, y se considera algo normal. Nosotros vamos de progres pero al igual que la iglesia (obviemos el enigma de María Magdalena), la derecha y muchos izquierdistas, hipotéticos desinhibidos, consideran la profesión más antigua del mundo algo ilegal, eso sí, a disposición de cualquiera. No sé por qué ahora recuerdo aquella frase de “Las putas al poder que sus hijos ya están en él” inscrita antaño en muchas paredes, tal vez sería la génesis de todo este asunto. Esa profesión y este tema darían para mucho… espero que les vaya bien, al menos un poco mejor.

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