La historia interminable de una onubense luchadora

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(Texto: Marta. L. R.) En un mundo perfecto, sanamente empático y mínimamente solidario, cuando llevas a cabo una acción como la que a mí me ha tocado llevar, deberías recibir todo el apoyo ciudadano y, por qué no, empresarial si tu fin depende de alguna empresa. Ya que todos somos humanos al fin y al cabo, o, al menos, eso parecemos en apariencia externa…

Mi caso ya es de sobra conocido por algunos pero, para aquellos que aún no habeis oído hablar de mí, mi nombre es Marta y si estoy aquí hoy comunicándome con vosotros, es para que me ayudeís a terminar lo que he denominado: OTRA NUEVA HISTORIA INTERMINABLE.

En enero hará siete años desde que sufrí una violación y agresión sexual por parte de un auxiliar de enfermería. SÍ, una violación, aunque se me obligó a catalogarlo de agresión sexual por falta de pruebas forenses o, mejor dicho, por falta de espacio y tiempo para casos tan “insignificantes” como el mío en los tribunales de las Cortes Altas de París.

Durante estos siete años de lucha he vivido circunstancias inimaginables e impensables para una persona víctima de una agresión sexual a manos de un auxiliar de enfermería en pleno tratamiento médico.

He soportado todas y cada una de las zancadillas que me han puesto y os aseguro que me resulta imposible recordar el número exacto de éstas a pesar de contar con una memoria de elefante.

Pero este artículo va estrictamente de la última.

En el pasado mes de enero, se canceló (por tercera vez) el que se suponía iba a ser el último juicio. Un juicio por apelación que solicitó el acusado tras ser declarado culpable (por fin) en febrero de 2017.

La nueva fecha se fijó para el próximo 27 de septiembre y, como es obvio, no podía faltar. Quería ver, por fin, la justicia salir a la luz. Estar presente para volver a mirar a la cara a la persona que le dio a mi maravillosa estancia en París durante el curso universitario 2011/2012 un halo de oscuridad que me continua persiguiendo casi siete años después. Ya no solo por lo que me ocurrió a mí, os lo aseguro. Si no por todo lo que descubrí de él tras atreverme a denunciarlo. No podía ni puedo ni quiero permitir que eso siga ocurriendo, de ahí que no pueda dejar de luchar y estar presente en todo juicio por más dura que pueda resultarme la experiencia.

Pero a esta aparentemente eterna lucha se suma un enemigo más. Y es que, nos guste o no, cuando más necesitamos a las empresas privadas es cuando más consciencia tomamos de lo inhumanas que pueden llegar a ser a pesar de estar regidas y cimentadas por humanos.

El juicio por apelación, como os decía, estaba fechado para el 27 de Septiembre, pero ¡Sorpresa!. Otro imprevisto más. De repente, a un par de semanas de mi viaje y con los vuelos de ida y vuelta ya adquiridos, me informan de que se ha modificado la fecha para el 17 del mismo mes. Con poco tiempo para ejecutar el cambio y, por qué no decirlo, totalmente escasa de dinero, decido solicitar el cambio de fecha al intermediario de aerolíneas RUMBO.ES a través del cual adquirí los vuelos. Me informan casi inmediatamente de que mi cambio no iba a suponer ninguna sanción económica al menos con ellos, pero que las aerolíneas con las que había reservado mis vuelos de ida y vuelta me aplicarían el gasto que considerasen “oportuno”. Todo el mundo con un mínimo de sentido común sabe que el precio de la gasolina de un avión de pasajeros y un asiento en turista hoy vale lo mismo que dentro de una semana, pero ellos juegan con las subidas y bajadas que creen oportunas a fin de sacarle mayor partido a las necesidades que tenemos de viajar, independientemente de los motivos.

Este tema daría para otro artículo o para una saga directamente. Pero volvamos al grano.

Tras solicitar mi cambio, recibo una respuesta al día siguiente: 224 euros de penalización por el cambio de fechas por parte de las empresas de Ryanair y Transavia. Más de un cien por cien de lo que me costó el vuelo inicialmente. Como era de esperar, me invade la preocupación, ya que es de suma importancia que acuda a ese juicio, de modo que, sin dudarlo mucho, decido ponerme en contacto con RUMBO.ES para explicarles el motivo real de mi cambio con la esperanza de que se solidaricen conmigo y me ayuden a comunicarme con las respectivas aerolíneas. Previamente lo había intentado personalmente pero ni Transavia ni Ryanair dan muchas posibilidades a explicaciones…

Casi dos horas después de estar llamando a números de pago (800… 902…) consigo que por fin me atienda un ser humano al que le explico los motivos de mi cambio. ¿Empatía? ¿Comprensión? ¿Humanidad? ¿Qué es eso para una empresa privada? NADA. Esos términos no existen para ellos.

Me comunican que ninguna aerolínea aceptará mi motivo como justificable y, A PESAR DE HABER CONTRATADO UN SEGURO DE CANCELACIÓN, no solo no me ayudan a realizar el cambio sin gastos o con gastos razonables si no que además no me permiten cancelarlo apoyándome en mi seguro de cancelación y me envían un email informándome de que la cantidad que percibiré reembolsada tras la cancelación sera de 9, 91 euros (el vuelo me supuso un coste de 119 euros). INDIGNANTE, ¿verdad?. Para ellos no supone absolutamente nada. Yo, con la esperanza de poder acudir al que espero con todo mi ser que sea el último juicio, me encuentro ahora con esta situación. Os aseguro que he hecho lo posible y lo imposible por derretir el hielo de quienes desde su trono empresarial y agarrándose a esas lagunas legales que muchos ya conocemos, hacen de nuestra vida un infierno, amparándose en el desconocimiento que tenemos sobre las leyes bajo las que se sustentan sus políticas. Pero ni corta ni perezosa y sacando de dentro de mí la poca fuerza que me queda y que había reservado especialmente para este juicio, decidí que no quedarían impunes.

Desde fuera puede parecer que este caso nada tiene que ver con lo que me ocurrió en París, que debería acudir simplemente a una asociación de consumidores, denunciar y esperar lo que ellos quieran que espere para recibir el reembolso íntegro o casi íntegro del vuelo cancelado.

Pero para mí tiene mucho que ver, lo tiene TODO que ver.

Lo mejor de todo es que tras dos días de comunicación directa con RUMBO.ES, lo único que he obtenido es a Poncio Pilatos: que se lavan las manos. Que esas aerolíneas son lowcost y que por eso no me devuelven el importe a pesar del seguro de cancelación y que ellos no pueden hacer nada. Que yo misma me ponga en contacto con la aerolíneas pero que, aún así, no me devolverán nada.

¿Quién es el intermediario aquí entre clientes y aerolíneas? ¿Quién se lleva una comisión por ello? ¿Por qué recibo un email que les he mostrado 100 veces en que me recuerdan que puedo cancelar mi vuelo en todo momento gracias al seguro contratado y cuando decido cancelarlo me lo niegan alegando que no está en su mano?

No sé ustedes, pero este viaje no era ni mucho menos por placer. Tristemente, este viaje eran mis únicas vacaciones, vacaciones de dos días que iba a invertir en ir a enfrentarme de nuevo al hombre que hizo con mi cuerpo lo que quiso durante mi estancia en el hospital en el que él trabajaba. Y ojalá hubiera sido la única de la que abusó pero no lo fuí ni lo seré si no lucho con todas mis fuerzas por cambiarlo.

¿Les parece a ustedes si esto es un motivo de peso para recibir la comprensión y la ayuda de esas grandes empresas que siempre están ahí para vender y cobrar pero que, a la hora de tener que devolvernos nuestro dinero se agarran a todos los clavos ardiendo y leyes sacadas de la manga que encuentran antes que a un código moral y ético? Por supuesto que es denunciable. Y así lo haré. Pero, sinceramente, es una lástima que ni siquiera en este caso sean capaces de mostrar un mínimo de civismo.

Puede que no consiga acudir a ese juicio. Depende del comportamiento de esta empresa y de las aerolíneas de Transavia y Ryanair. Claro que podría pedir ayuda pero ya he pedido demasiada y, sinceramente, no veo porque pedir más cuando mi dinero lo tienen quienes no me van a prestar los servicios por los que les pagué.

El dinero al final es lo de menos. Es lo que significa, es lo que recibes a cambio de él. Y yo iba a recibir el asistir al juicio más importante de mi vida. Un juicio que esperaba, me diera la oportunidad de presenciar la resolución de un caso por el que llevo casi siete años pasando un infierno, y por el que estoy segura, muchas más victimas que no se atrevieron a hablar o no fueron escuchadas, me agradecerán llegar hasta el final. Por eso continuo y por eso continuaré, me apoye o no RUMBO.ES, TRANSAVIA Y RYANAIR.

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