VENTANA DEL AIRE: Puntos de vista

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(Texto: Juan Andivia) La noche había sido terrorífica: era halloween. Mientras Fidel llegaba a su casa cansado, con la cara despintada y feliz, porque había estado en una fiesta monstruosa (es decir, excelente, según la terminología de esta fecha), que había rematado con un encuentro erótico de la más alta cualificación, por su vitalidad, entusiasmo y pasión, MariCarmen estaba desolada, abatida y destruida en un banco de la plaza.

Ella había salido con sus amigas al botellón de la explanada y se le acercó un joven fuerte, bien parecido y parlanchín, que le invitó a dar una vuelta. Le enseñó su automóvil, flamante y con música interior que compartieron enseguida. Después, llegó un primer beso, agradable y un acercamiento total, que rechazó. Fidel no quiso conformarse, echó el seguro de las puertas y se abalanzó sobre ella, sin darle mayor explicación que su insistencia y unas palabras, que serían terribles, de ya vería cómo iba a disfrutar.

MariCarmen pataleó, dijo que no muchas veces, resistió, le dio un mordisco, un empujón, a lo que su inevitable amante le respondió con más rudeza, hasta que consiguió desnudarla casi por completo, romperle la blusa y los pantalones; y taparle la boca y abusarla. “Calla, calla, que sé que te está gustando”.
Tras el forzado acto de no amor, la dejó partir y se fue sola, hundida y sintiendo asco y desprecio por aquel hombre locuaz y atractivo que la había engañado y que le había hecho protagonizar la escena más repugnante de su vida.

Fidel se recompuso, se fumó tranquilamente un cigarrillo y puso rumbo a su casa, donde tras lavarse las manos y la cara, tuitearía: “Noche completa, Trato sin truco”.
MariCarmen se tambaleó hasta un banco cercano, lloró y lloró hasta no poder más, se sintió sucia e incluso responsable, por su ingenuidad. Al día siguiente fue a poner una denuncia, donde tuvo que relatar con todo lujo de detalles cómo fue la agresión.

Hoy, veintisiete de enero, casi dos meses más tarde, acaba de salir del juzgado. Era su palabra contra la de él; no ha habido caso. No, no lo ha habido, pero ella no puede dormir ni acercarse a sus amigos varones; ella toma somníferos; ella lamenta muchas veces haber nacido.
Dicen que tienen puntos de vista distintos.

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