Carta al director: Democracia adolescente

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(Texto: José Manuel García Durán) Yo siempre crecí en Democracia, y aun así, reconozco que la forma de gobierno de la que presumimos, en comparación con la Democracia de otros países vecinos, es muy joven para soportar el zarandeo continuo al que la estamos sometiendo.

Cualquiera que me conozca sabe que, aunque mis ideologías son abiertamente de izquierdas, no sigo ningunas siglas y que en mi forma de actuar trato de que sea el sentido común el que me guíe. De ahí mi preocupación por el resultado electoral del pasado domingo, el resultado de una adolescencia democrática, pero democracia, al fin y al cabo…

Y precisamente porque creo en la Democracia, no voy a salir a la calle a manifestarme en contra de lo que eligieron cuatrocientos mil andaluces. Eso no quita que me preocupe la situación a la que hemos llegado. “¿Cómo hemos llegado a esto?”, se preguntarán algunos, y esa pregunta aún resulta más angustiosa en labios de algunos abuelos a los que le tocó vivir una época que, tan sólo de recordarla, provoca que sus ojos, temblorosos, se llenen de miedo y de lágrimas.

En el Parlamento de Andalucía (elegido democráticamente) doce escaños parece que condicionarán la política de los próximos cuatro años. No hemos de olvidar que cada uno de esos escaños representa a más de treinta mil andaluces. Siento preocupación cuando le pongo cara a algunos de esos votantes que, decepcionados con lo que les tocó vivir, se dejan caer en la boca del lobo. Porque hay muchas mujeres entre sus votantes, yo conozco a alguna mujer, con un hijo homosexual cuyo voto está representado en esos escaños… (Es lo que tiene carecer de memoria histórica y dejarse llevar por las tripas en lugar de por el corazón o la cabeza)

¿Cómo hemos llegado a esto?, me pregunto yo también. No digo nada nuevo al manifestar que todos tenemos parte de culpa y que, exceptuando a los votantes de un partido que defiende algunos ideales predemocráticos, nadie, absolutamente nadie, ganó nada, absolutamente nada, con los resultados del pasado domingo. La debacle de la izquierda representa la desilusión y el hastío de unos andaluces desesperanzados. El Partido Popular, pese a la euforia que lo acompaña, también perdió cientos de miles de votos (demasiados, dada cuenta el panorama), lo que no es motivo alguno de alegría y Ciudadanos que en estas aguas revuelta no pudo o no supo pescar todos los votos que podía haber pescado, se encuentra en la encrucijada de permitir un cambio o no en las políticas de Andalucía. Todos perdimos algo, y la que más, esta Democracia adolescente que confío en que sea capaz de soportar el nuevo envite que cuatrocientos mil andaluces le han dado…

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