Opinión: El Museo Arqueológico de Huelva, una herencia envenenada

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(Firma: Círculo de Patrimonio Cultural) Se despide el consejero de Cultura con una serie de verdades a medias e indefiniciones con respecto a la obra del Banco de España para el futuro Museo Arqueológico, sobre las cuales llevamos más de dos años advirtiendo y denunciando sin que al parecer no haya servido para nada. Sirvan las cuestiones que aquí vertimos de aviso para los nuevos gestores de nuestro patrimonio cultural, que heredarán y tomarán las riendas de la obra tras el proceso de investidura y formación de nuevo gobierno que se plantea, ya desde la semana que viene.

Lo primero que no concuerda es la inversión de la que se habla; si hace un par de meses se decía por el propio consejero que se había licitado la obra para dos años por cerca de cinco millones, según se publicó oficialmente al adjudicar la oferta en el proceso de licitación de obras, ¿cómo es que ahora resulta que son doce millones? ¿Los panes y los peces?

Venimos advirtiendo desde el principio que, tal como se planteaba la obra con la reforma total del interior, dicha intervención no es compatible con un edificio catalogado urbanísticamente como P1, cuestión a la que, cómo no, nuestra desgraciada “herencia” de urbanismo, no sabemos si dirigida o no, parece no darle ninguna importancia al informar favorablemente dichas reformas interiores sobre un edificio protegido integralmente, facilitando así el concederle la licencia.

Se esta creando inseguridad jurídica sobre la obra, por lo que entendemos habría sido oportuno adaptarla en atención a la protección urbanística del edificio y, si ésta precisaba modificación en base a las necesidades del museo, se hubiera efectuado la misma. Pero cualquier supuesto debía de partir de un conocimiento profundo de las necesidades precisas para que el edificio sea Museo Arqueológico, de sus colecciones, e igualmente de saber qué y cómo se quiere mostrar. Es decir, de un Plan Museológico y de un Proyecto Museográfico que guiaran de la mano al Proyecto Arquitectónico. Pero como también venimos denunciando desde hace años, estas cuestiones no se han tenido en cuenta para nada. Es más, se está haciendo de manera contraria a ley ya que se aprueba e inicia un proyecto de obras para un museo sin que existan estos planes obligados por ley. En este caso, se ha reciclado para este fin de museo un proyecto para un centro cultural, que nada tiene que ver con un museo, que se había planteado ubicar en este lugar antes de que la movilización ciudadana provocara el cambio.

A los defectos ya señalados desde estas páginas e interpelados en el parlamento andaluz, tenemos que señalar con especial importancia la imprudencia que suponen las declaraciones del consejero en lo que se refiere a que no se espera encontrar registro arqueológico en las excavaciones a realizar. Dichas declaraciones parten desde el más absoluto desconocimiento de lo que se puede albergar allí, desconocimiento voluntario puesto que dudamos que sus servicios provinciales obvien esta cuestión, ya que son conocedores y garantes administrativos de todas las actuaciones arqueológicas realizadas en el entorno, que permiten interpretar que con toda probabilidad hay restos arqueológicos de interés que no sólo se hace preciso intervenir y documentar, sino que sería más que de obligación dado el fin de la obra, museo arqueológico, y el promotor de la misma, la administración pública a través de la Consejería de Cultura: trabajar en la hipótesis más que planteable de la integración de los restos arqueológicos documentados en la obra resultante, tras una excavación en área de todo el patio que en determinados espacios agote el registro arqueológico, tal y como establece la ley para estos entornos tan ricos en registro arqueológico, y no se limite a la cota de afección de obra. Si la propia Consejería de Cultura no hace caso de su propia Ley de Patrimonio, ¿cómo será de aquí en adelante cuando se obligue al cumplimiento de ésta a promotores particulares?

Por último, que no por ello menos importante si no más bien al contrario, las previsiones de espacios de almacén para el museo son ridículas e ínfimas y no satisfarían ni el 10% de la necesidad real de espacio para albergar los cuantiosos fondos que nuestro museo atesora, naciendo pues el nuevo museo con una carencia fundamental que lo hace menos funcional aún que un museo del siglo pasado.

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