Cerca de la Lettera: Materia prima

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(Firma: Carmen Ramos)  En noviembre de 2010 presenté mi primera publicación en solitario: “Mudanza interior”. En ese pequeño libro incluí un poema sobre un hecho del que fui testigo muchos años atrás: un marido maltratador tiraba todos los muebles por el balcón de su casa mientras su esposa gritaba desesperada. En ese tirarlo todo y dejar vacía una casa vi una manera de crear un “no espacio” para aquella mujer, de desposeerla de su territorio y dejarla sin nada. Realmente fue una escena muy violenta y que, aún después del tiempo pasado, no puedo rememorar sin que algo parecido al frío recorra mi espalda. Decidí escribir ese poema en primera persona en primer lugar, como homenaje a aquella mujer, pero también porque “Mudanza interior” era un libro que hablaba de mí y de mi relación con los espacios en ese momento. Si hubiera escrito en tercera persona, ese poema hubiera quedado como un parche en un chándal. Cuando mi madre leyó el libro supo enseguida de quien hablaba ese poema. Pero me dijo: “Ahora la gente va a pensar que has tenido un novio maltratador”. Eso me dio mucho que pensar e incluso he dejado de leerlo en mis recitales por miedo a quedar como una impostora.

En los talleres de iniciación a la poesía que vengo organizando en Gibraleón desde el año 2014 siempre les aconsejo a quienes participan que a la hora de escribir sean honestos. El papel lo soporta todo, apunta un viejo dicho, y cualquier cosa que pongamos sobre él es susceptible de ser leída e incluso aplaudida si, más o menos, utilizamos las herramientas adecuadas y sabemos tocar determinados resortes. Y es que no hay mejor materia prima para la poesía que la vida. La propia y la ajena. Contar nuestras vidas es quizás la primera función que cumple la escritura. Pero la literatura es otra cosa. Bien lo sabía Gil de Biedma.

En “Aspiraciones de la clase media”, la escritora mexicana Brenda Ríos toma la vida como ingrediente principal. Su vida, pero también la mía y la de usted que en este momento nos está leyendo. Una clase media vapuleada y puesta al sol tras la última crisis económica, una clase media donde nos desdibujamos bajo el normcore y que, si no fuera porque el Señor Mercado Libre necesita más carne cada día, ya habría llegado a desaparecer. Brenda recoge con gran acierto todas estas miserias: la pobreza sobrevenida, la crisis de valores, los sueños por cumplir, las expectativas y escribe un poemario que es también una patada en el estómago. Como si estuvieras frente a un espejo en cada poema te vas viendo, a veces tal como eres, a veces grotescamente deformado.

Dice Brenda Ríos: “Estaba tan acostumbrada al No”, dice también “Debo decir que todo fue en vano”, “Yo era la casa sin muebles”, “quieres soltarte en llanto pero no puedes”, “Mi cuerpo una boca seca”. Dice y dibuja la autora, en poemas casi narrativos donde una única palabra obra como un hilo invisible: casa. Una palabra que se repite en casi todos los poemas y de la que llega a decir “Hacer una casa es escribir una casa”, en un bellísimo poema llamado – intuyo que no por casualidad – “Paternidad”. “Aspiraciones de la clase media” no es solo una narración del estado de las cosas, es también una denuncia hacia un sistema injusto, hacia un “no espacio” donde nos han dejado sin muebles. Pero que no se confíen los hijos del Milton Friedman:

“Mi casa sufrió un incendio.

Yo soy las cenizas”

“Aspiraciones de la clase media”, de Brenda Ríos está publicado por “Ediciones Liliputienses”.

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