MIRADOR: La Rábida y el ciudadano genovés

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Andrés Marín Cejudo

Andrés Marín Cejudo

La Rábida es de todos. Y su candidatura a Patrimonio de la Humanidad, también, además de única e indivisible. La presidenta de la Diputación puso sobre la mesa esta suerte de declaración de principios cuando el viernes presentaron la primera parte del informe que se elevará a la Junta, para que ésta lo eleve al Ministerio de Cultura, para que éste lo eleve a la Unesco, y para que todos podamos elevar a los lugares colombinos al lugar que sin duda merecen.

La candidatura, que es asunto viejo auspiciado por la Asociación de Estudios Iberoamericanos y Colombinos Rábida, parece tener dueño. Y está bien que así sea, porque ya se sabe que casa con dos puertas es muy mala de guardar. Aunque por el camino se haya cometido la injusticia de arrinconar a la entidad que preside el profesor David González Cruz, que fue, por cierto, la que consiguió que el Senado aprobara una moción de apoyo a las aspiraciones rabideñas.

Quiere decirse que resultaría absurdo seguir empeñados en luchar cada uno por su lado, lo cual, como suele ocurrir por estos pagos, no haría más que sumirnos en nuestra eterna melancolía de tierra arrinconada y olvidada. Como ya está claro cuál es el expediente que la Junta va a asumir como propio, convendría que juntásemos nuestras manos para trabajar todos juntos, aunque sólo sea por una puñetera vez, por algo que sin duda merece la pena. Y que se le dé a la asociación el lugar que merece en la aventura.

La bandera de La Rábida es hermosa y ondea señorial cuando se acercan las elecciones. Eso es algo que ha entendido bien Petronila Guerrero, que está a la que salta. El emblema colombino, que en Huelva pareciera intocable, fue, sin embargo, un tanto despreciado por el secretario general del PSOE onubense, quien esta semana dijo una frase que me dejó turulato.

Es sabido que Mario Jiménez dedica últimamente buena parte de sus ruedas de prensa a zurrar el parche municipal. Tan fuerte le arreó que criticó al alcalde, Pedro Rodríguez, por haber dedicado una estatua en la plaza de las Monjas “a un ciudadano genovés”, entiendo que en referencia a Colón.

¿Un ciudadano genovés? Tal cual, como si se le hubiera puesto un monumento a un vulgar mercader de borceguíes y zurrones de cuero que se ganaba la vida en la bella ciudad italiana.

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