Someramente

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Javier Berrio

[Javier Berrio].

La corrupción recorre Andalucía como una nube tóxica. No hay lugar donde uno se pueda sentir seguro. Por si quedaban dudas, ahí está Torrijos, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, imputado por el caso Mercasevilla. Ya sabemos por qué IU no apoyó una comisión de investigación en el ayuntamiento hispalense. Este Torrijos, afectado del mismo mal que tantos políticos, se cree impune ante el electorado y opta por no dimitir y ser el candidato comunista a las elecciones municipales. Pero ese mal no es únicamente andaluz, sino que abarca al conjunto del Estado y a todas las formaciones políticas. La insolencia y desvergüenza de tantos gobernantes es tal, que habrá que repetir que además de un problema de régimen representado por el PSOE, existe otro peor y que permite que esto suceda con la arbitrariedad que tiene lugar en Andalucía y en España. Y ese mal proviene de la llamada reforma política y del sistema que generó.
Someramente y para todo el que no padezca una estulticia galopante, las cosas se pueden resumir en varios hechos: el pacto del franquismo con los partidos políticos del momento, incluidos PSOE (renovado) y el PCE de Carrillo; la Ley de Reforma Política diseñada desde el Movimiento (Adolfo Suárez, secretario general de la organización que sostenía políticamente a la dictadura); la imposición de la monarquía encabezada por el candidato elegido por Franco; la consolidación borbónica tras el golpe del 23-F y el miedo consiguiente a la petición de auténticos cambios democráticos; la asimilación del PSOE de la institucionalización propia del movimiento, en una estructura similar a la del PRI mexicano y con un comportamiento caciquil en las zonas rurales. De todo esto, la inexistencia de mecanismos de control sobre los políticos y de un corpus legal que haga pagar a los representantes públicos la gravísima traición que supone la corrupción.
Los partidarios de la “ruptura democrática” abandonaron pronto sus pretensiones, en primera instancia porque sabían que la estructura franquista contaba con fuerza y apoyos suficientes como para tomar aliento si era excesivamente presionada y porque entendieron que las ambiciones personales de los líderes de la “oposición democrática”, sólo podrían consolidarse aceptando las condiciones de los ganadores de la guerra civil. La imagen más cercana a los acontecimientos que auguraban la pantomima en la que se iba a convertir el cambio, lo representó el aplauso que Felipe González dedicó a Juan Carlos I tras su discurso en la inauguración de las Cortes salidas de aquella Ley de Reforma de Suárez.
El hundimiento de la UCD y la llegada al poder del PSOE, con la total desorientación del centro derecha y la derecha democrática, supuso el inicio de una urdimbre de intereses y clientelismo que ha consagrado un sistema de impunidades de difícil sostenimiento en una sociedad concienciada social y políticamente. En España esto sí ha sido posible y en Andalucía más aún. Se hace imprescindible el cambio de gobierno, pero ese cambio no supondrá nada más allá de la mejora económica, si finalmente la ciudadanía no termina por exigir la mudanza de la estructura político-legal en el estado Español.

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2 comentarios

  1. Juan Carlos on

    Y lo ha echo en medio de la plaza publica recuerdan ¡¡ VOY A HACER LO QUE TENGO QUE HACER LE PESE A QUIEN LE PESE Y ME CUESTE LO QUE ME CUESTE!!, un suicidio politico en toda regla, ha beneficiado a los de siempre y ha estrangulado a los pobres, años le va a costar al PSOE, levantarse del monumental batacazo, ellos no saben lo que se les viene encima, porque el pueblo es muy inteligente.

  2. Juan Carlos on

    Esto solo pasa en este pais, que unos presuntos corruptos se presenten a unas elecciones da una buena perpectiva de que grado de DEMOCRACIA tenemos, el batacazo del PSOE en las locales, autonomicas y generales va a ser de tal magnitud que van a necesitar años para levantarse.
    Zapatero se ha quemado a lo BONZO frente a la crisis con politicas de DERECHA.

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