Sarna

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Bernardo Romero

[Bernardo Romero].

Es cuestión de cronometrar. En otros tiempos no era menester llegar a tanto, pero ahora sí. Las cosas han cambiado bastante. De un partido de fútbol de manera excepcional, hemos pasado a unos telediarios en los que la mitad del tiempo lo dedican a mostrarnos al señor Mourinho asegurando que no quiere decir nada, en primera instancia, y en segunda a decir lo que le sale de los cataplines, obviedades con ánimo de insultar aunque por lo general no de forma explícita. La otra mitad del telediario, se la tragan Fukushima y Misrata si les queda algo de tiempo después de analizar el cuádricep de Menganito, con voz en off sobre Menganito conduciendo un carro de impresión mientras las masas obreras y campesinas le aclaman absolutamente fuera de control.
También está lo de ETA, esa historia de nunca acabar de detenciones de la cúpula militar y el aparato logístico, de presos que vienen y presos que se van a Francia de excursión mientras los jueces ofrecen un lastimoso espectáculo. Pero el telediario pasa, que es de lo que se trata. Pasa una y otra vez como el agua bajo los puentes, que no es nunca la misma pero como si lo fuera.
Tres cuartos de hora de noticias y un cuarto de hora con las inclemencias del tiempo. De las colas del paro y la supuesta crisis que sufren nuestros banqueros y grandes capitalistas – tres nuevos mil millonarios españoles en la lista de Forbes este año – apenas nos queda la sensación de que no han dicho nada o, en todo caso, de que las cosas les van muy mal. Pobres.
A nosotros, lo que mayormente nos viene a quedar después de uno de estos telediarios quirúrgicos – son peores los papistas que colocan al frente de ellos, que el mismísimo Rubalcaba, digo Papa – es el careto del señor Mourinho y la chavala del tiempo recitando a toda velocidad máximas y mínimas. Un caso.
De las ganancias de las eléctricas, nada. Eso sí, aparece el presidente del Real Madrid sonriente, aclamado por esas mismas masas campesinas y obreras que le veneran y quieren que sus hijos sean como él, un tipo listo que supo aparcar el negocio de la construcción hasta que vengan nuevos tiempos, un tipo listo que sabía que ahora el parné se mueve por la red eléctrica española. Unos genios.
Los telediarios pasan, con su Mourinho y su chica del tiempo; con el embarazo de Fulanita que dejó a su anterior marido o al siguiente, que ya ni se sabe; y con la entrevista a gente anónima a pie de calle, que eso ya es para rematarla. El otro día, antes de un Madrid – Barcelona un tipo con aspecto de no tener ni una sola acción en Iberdrola era abordado junto a las taquillas del Bernabeu: “Oiga, cómo se siente con esa entrada en la mano” y el tipo que muy bien, muy bien, muy contento. Trescientos euros le habían levantado al nota. Para Florentino Pérez, pura calderilla, para el tipo del chaleco colorao con visos en los codos al que le metieron el micrófono por el alma, un pastón. La sarna con gusto, que dicen que no pica. Y de las colas del paro, nada. Hace tiempo que son monótonas y tediosas. Siempre los mismos, por mucho que alguno pueda salir de vez en cuando y se gaste el parné en una entrada para ver al Madrí. Las colas del paro ya no son noticia. Son aburridas, tediosas. País.

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