El Gobierno de Rumanía envía a cuatro profesores para que los niños rumanos no olviden sus orígenes

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Plantación de fresas en Huelva.

(Texto: José Carlos Aguado)   Llegaron a España en brazos de sus padres. Otros son vástagos de un país que abrió las puertas de sus fronteras necesitado de mano de obra foránea para llenar la despensa de Europa. Todos son hijos de inmigrantes rumanos que a lo largo de más de una década han desembarcado en la provincia de Huelva para labrar su futuro en la siembra y recolecta de la fresa.

Desde hace ya tres años, el Gobierno de Rumanía envía a cuatro profesores durante el curso escolar a distintos puntos de Andalucía (Sevilla, Almería y Huelva) para que los niños rumanos no olviden sus orígenes. Así, a través de unas clases en las que aprenden a pronunciar y escribir correctamente el idioma de sus padres, la historia de su patria y sus principales costumbres y tradiciones, Rumania enseña a sus hijos de España a seguir siendo rumanos.

Mihaela Neagoe es la maestra destinada a la provincia de Huelva. Concretamente, da clases en las localidades de Almonte, Rociana, Cartaya y Lepe, cuatro de los pueblos onubenses donde hay una mayor concentración de inmigración rumana debido a la continua demanda de mano de obra extranjera para las labores de plantación y recogida de la fresa.

“Lo primero es enseñarles a pronunciar y escribir bien el rumano pues, aunque sus padres les han enseñado su idioma materno, prefieren hablarles en español para facilitar su integración en España”, explica Neagoe.

En total, más de 160 niños rumanos asentados en la provincia de Huelva acuden a estas actividades extraescolares durante dos horas una vez por semana en cada uno de los cuatro pueblos freseros donde se ofrece de manera gratuita, en colaboración del Ministerio de Educación español y la Junta de Andalucía.

El grupo de Almonte es el más numeroso. En el colegio público Los Llanos, alumnos de edades muy diversas se reúnen para que sus raíces no se atrofien después de todo un día rodeados de amigos y compañeros que sólo hablan español.

“No sólo es pronunciación y gramática, también aprenden historia y geografía de Rumania para que sepan cómo nació su país y de dónde salieron sus padres con destino a España”, señala la profesora.

Estas clases intensivas, apoyadas con material bilingüe, tienen ahora otro objetivo que va más allá de su fin puramente romántico. Los inmigrantes rumanos también están sufriendo el azote de la crisis económica y la falta de trabajo, incluso en el campo, donde los parados locales están desplazando a la mano de obra procedente de Rumania y que hasta ahora cubría prácticamente la demanda de los empresarios freseros. Ante esta situación, muchas familias rumanas están regresando a su país a buscarse de nuevo la vida.

“Con estas clases, sus hijos tendrán la oportunidad de volver a Rumanía sabiendo comunicarse perfectamente en su lengua materna y, además, tienen la posibilidad de integrarse allí en la escuela, ya que este curso da acceso a un título que está convalidado”, concluye Mihaela Neagoe.

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1 comentario

  1. Pues muchos años (y muchas cosas) han de pasar para que esos niños se sientan orgullosos de ser rumanos. Hasta ahora, es de lo peorcito que nos rodea.

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