Martes 30 de Noviembre de 2021

Elena Bellido pide paso

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Elena Bellido.

(Texto: Bernardo Romero)  En la Peña Flamenca y con una muy buena entrada de socios y amigos del arte flamenco, se ofreció este pasado fin de semana un espectáculo flamenco acunado en la propia asociación. Con mimbres propios se armó un recital de auténtico lujo con el que disfrutaron de lo lindo los espectadores, sobre todo quienes rigen esta Peña Flamenca y que no paran de ver lo que están pariendo sus academias en los últimos años, un plantel de primeras figuras como nunca antes tuvo esta provincia antes casi limitada al cante por fandangos, una manifestación folklórica que va ineludiblemente ligada al nombre de Huelva.

La artista que llenó con su poderío y saber estar, con su dulce y lírica, pero también potente voz, el escenario de la Peña Flamenca, se llama Elena Bellido. Canta, y canta como lo que ya es, una cantaora excepcional, artista en el sentido más amplio de la palabra, pues al cantar interpreta, siente y transmite en consecuencia. Una artista redonda y plural. Cantaora además, les vengo a anunciar.

Conocíamos en su repertorio la maestría y encanto de sus cantes de ida y vuelta, nos esperábamos también que se asomara a la cercana tierra gaditana. Todo eso lo sabíamos, lo esperábamos y lo disfrutamos el viernes pasado en el recinto peñero de la Avenida de Andalucía, pero hubo más. Mucho más.

Se gustó por tangos y bordó una milonga, ofreció lo que de ella se esperaba, incluida una granaína con la que decidió acertadamente abrir el recital, un cante difícil que hay que llevarlo muy medido, pero para eso estaba a su lado un guitarrista que sabe sobradamente llevar a una cantaora como el que lleva un palio envuelto en incienso y azahar. Antonio Dovao, sobre el que poco, a estas alturas de su gratificante carrera, tenemos que decir, toca como lo que es, un auténtico maestro. Después Elena Bellido decidió abrir el sobre de sorpresas que llevaba pespunteado en los vuelos rojos de su elegante y hermosísimo traje de faralaes. Y entre las muchas novedades en su repertorio, cada vez más amplio y más cabal, peteneras y seguidiyas. Casi nada.

Cantó la petenera de Pastora con una elegancia absolutamente deliciosa, plena de musicalidad y exacta en el tono ajustadísimo a un ritmo mecido en la dulzura proverbial de su voz. Por seguiditas, un cante que establece el límite entre el cantaor valiente y el que todavía tiene mucho que aprender, demostró, simplemente, que ya es lo que muchos se barruntaban y lo que algunos todavía necesitaban ver, y oír, para convencerse de que Elena Bellido, ya abiertamente, pide paso.


Tuvo la cantaora, como ya venimos diciendo, un fenomenal guitarrista a su lado toda la noche, Antonio Dovao. Pero entre las sorpresas estaba también un fin de fiesta con un denominador común, la Peña Flamenca, pues todos los artistas que se subieron al escenario forman parte de los cuadros de baile y cante de la entidad. Unos nombre para apuntar con mayúsculas y para que el que quiera se vaya quedando con la copla: Rocío López al baile, Martín Fayos, otro que viene apuntando alto, a la guitarra, y en el cante Mario Garrido, Ángel Romero, Juan Fernando –que en diciembre subirá a este mismo escenario y habrá que estar atento – y un chavalito que siempre nos gustó por fandangos y que ayer le cantó estupendamente por bulerías a una Rocío López entonada a rabiar. Estéfano Molín se llama el cantaor, otro artista que además tiene la inmensa fortuna de andar contando los días que le faltan para llevar a doña Elena Bellido al altar. La fiesta, desde luego, no ha hecho más que empezar.

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