Juan Villa narra la salvaje realidad de Doñana

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(Crítica literaria: Bernardo Romero)   Vuelve a llevarnos Juan Villa (Almonte, 1954) al Majadal, ese poblado imposible levantado por el Patrimonio Forestal del Estado después de la Guerra Civil con objeto de proveer de madera a la esmirriada industria del papel en España. En ese atrabiliario lugar, castigado por la insalubridad de las marismas, se fueron a refugiar buena parte de los desastres de la guerra, elementos canónicos con los que juega el escritor almonteño, para situarnos al borde de la desesperanza, de la miseria y, corolario final, de una tragedia que veía como se representaban aquí sus últimos actos.

Luego de “Crónica de las Arenas” y “El Año del Malandar”, nos encontramos de bruces con personajes ya conocidos, dibujados con descarnada destreza por el autor en otras páginas, enfrentados ahora a su propia existencia en “Los Almajos” (Editorial Paréntesis. Sevilla, 2011) y nuevamente retratados con un poblado que dio cobijo a la repoblación forestal en lo que entonces aún era el Coto de Doñana. El Majadal vuelve a abrirse ante los estupefactos ojos del lector como personaje más que como escenario, pues es ese poblacho quién se hace protagonista y quién alberga, también, a una suerte de personajes arrumbados allí en unos tiempos difíciles y, sobre todo en estas marismas apartadas entonces de la civilización, tan crueles y tan salvajes.

El profesor de Literatura, como no podía ser de otra manera, vuelve a realizar un exquisito análisis de estilo en esta nueva entrega, la tercera de lo que esperamos no sea sólo una trilogía. Demuestra su solvencia con el teclado, su saber hacer y su oficio, labrado en la abundancia de lecturas y después en una carrera literaria que se aleja de lo prolífico para dar a la imprenta exclusivamente trabajos muy elaborados, pensados y esculpidos lentamente. Juan Villa escribe para otros tiempos más despejados, sabedor de que las distancias las salva exclusivamente lo bueno mientras que al abismo caerá irremisiblemente lo mediocre. En estos tiempos en que tanto proliferan títulos y autores, cuando se publica, al socaire del sorprendente abaratamiento de los costes de edición, en cascada o aluvión, siendo como son los escaparates de las librerías un ir y venir de cubiertas aparentemente infinito, bueno es que conozcamos alguno de ellos con el que poder disfrutar de la lectura. Sería pretencioso afirmar aquí que estamos ante uno de los nuevos narradores más interesantes de España, pero lo cierto es que es así. Quienes tuvieron la suerte de leer alguna de las dos primeras entregas de esta trilogía, están, consecuentemente, de enhorabuena. Aquellos que aún no conocen al autor, tienen la oportunidad de acercarse a una cuidada prosa, a un estilo envidiable y a unas historias contadas de la única manera en que se pueden relatar acontecimientos y hechos que en realidad sucedieron y que él ha rescatado con absoluta naturalidad, pero también con paciencia y pulcritud, extrayendo noticias y datos de archivos, periódicos y, fundamentalmente, de la memoria colectiva, recorriendo a lomos de una yegua todos esos paisajes tan tremendos para ponerlos, al fin y al cabo, negro sobre blanco en, hasta ahora y esperamos que sean más, tres exquisitas novelas.

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