El Infanta Elena implanta el ‘código ictus’

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Cuidados para un paciente que ha sufrido un ictus.

El Hospital Infanta Elena ha implantado en las últimas semanas en todo el centro hospitalario el denominado ‘código ictus’, un protocolo de actuación urgente que permite identificar con rapidez los casos en los que se produce un ataque cerebrovascular o ictus, y activar así con la suficiente celeridad las distintas fases y actuaciones que posibilitan prestar una atención eficaz a los pacientes afectados por esta patología, reduciendo las secuelas que puede provocar al iniciarse el tratamiento durante las primeras horas.

Se trata de un circuito de atención prioritaria que, si bien está coordinado por la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital, afecta también al área de Urgencias y a los servicios de apoyo clínico del centro hospitalario como el área de Laboratorio o de Radiodiagnóstico, así como al servicio de emergencias 061 con el fin de que el paciente reciba la asistencia de manera inmediata, de modo que se puedan reducir las complicaciones asociadas.

Este sistema de priorización está indicado en los casos en que el accidente cerebrovascular acaba de producirse y el paciente se encuentra en el proceso denominado ‘ventana terapéutica’, es decir, durante las tres o cuatro horas siguientes al incidente, en las que la aplicación del tratamiento farmacológico resulta más efectivo y permite recuperar las funciones de parte del área cerebral afectada evitando secuelas físicas y cognitivas.

El ‘código ictus’ es una de las acciones que la Junta de Andalucía viene desarrollando en el marco del Plan Andaluz de Ataque Cerebral Agudo (PLACA), sobre todo teniendo en cuenta que la patología cerebrovascular constituye la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda en hombres, y consiste en una pérdida de la función cerebral de naturaleza no traumática que se desarrolla de forma muy rápida por la falta de aporte sanguíneo al cerebro. Sus síntomas pueden ser, entre otros, la pérdida de fuerza en medio cuerpo, dificultad para hablar y entender o la pérdida súbita de visión.

De esta forma, cada vez que el servicio de emergencias o el propio personal del hospital reconoce los síntomas de un posible accidente cerebrovascular, se activa el ‘código ictus’ articulando de forma prioritaria una serie de medidas y actuaciones que agilizan la implantación del tratamiento. Éstas abarcan desde la asignación del nivel 1 en urgencias, que supone la atención inmediata, hasta la realización de forma protocolizada de una serie de pruebas radiológicas y analíticas iniciales en un periodo de tiempo menor a una hora, o el ingreso en la UCI para la implantación de determinados tratamientos que requieren de una monitorización y una exploración neurológica continuadas.

El tratamiento más frecuente para el ictus consiste en la administración de fármacos, ya que la terapia con fibrinolisis o trombolisis mejora notablemente la evolución de determinados pacientes, concretamente aquellos que presentan infarto cerebral isquémico e importante déficit neurológico. La fibrinolisis consiste en un tratamiento intravenoso con trombolítico, es decir, un fármaco que disuelve el trombo que obstruye las arterias, con lo que se mejora de forma notable la evolución de los afectados.

Dentro del programa de ‘código ictus’, se ha distribuido además por todo el centro un protocolo de atención ante un episodio de ictus, que establece las actuaciones a adoptar ante una sospecha diagnóstica, los cuidados que deben prestarse al paciente, los casos en que debe activarse el circuito de priorización y los dispositivos asistenciales que han de organizarse en el hospital para prestar una atención de calidad a los afectados.

En paralelo a la oferta de atención urgente a los afectados, la prevención del ataque cerebrovascular constituye otro de los ámbitos de actuación, debido a la necesidad de concienciar a los pacientes con riesgo de padecer un accidente cerebrovascular o aquellos que ya han sufrido alguno acerca de la importancia de la prevención. Se hace necesario un cierto control de los factores más relevantes como la hipertensión arterial (más del 50% de pacientes con ictus son hipertensos), con el cumplimiento de la medicación y la reducción del consumo de sal, así como la atención al colesterol elevado (el 40% de los afectados) y la diabetes, adoptando estilos de vida saludables -práctica de ejercicio físico moderado y seguimiento de una alimentación adecuada-, evitando así que puedan volver a sufrir un episodio de estas características.

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