Moguer celebra este viernes el aniversario de la boda entre Juan Ramón y Zenobia

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La Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez y la Asociación de Mujeres de Moguer Zenobia conmemoraran mañana viernes el XCVI Aniversario de boda del Nobel moguereño con su musa y compañera, el 2 de marzo de 1916 en Nueva York.

La casa en la que vio la luz el más grande poeta lírico de habla hispana, ha sido el escenario elegido para recordar un episodio vital en la trayectoria del Andaluz Universal, un hecho que marcaría un antes y un después en su existencia personal y en su faceta creativa.

El programa de actividades contempla, como no podía ser de otra manera, un recital de varios poemas que Juan Ramón Jiménez dedicó a su fiel compañera, con la que formó uno de los binomios más importantes y fructíferos que han dado las letras españolas.

En este homenaje que Moguer tributa a la amada pareja, también se recitarán canciones de amor en las voces del cantautor moguereño Nicolás Capelo y de las integrantes del Coro de la asociación Zenobia, colectivo que además entregará en esta emotiva velada los premios del III Certamen de Relatos Cortos y Poesía, que convoca anualmente, y con el que rinden homenaje a esta gran mujer, poseedora de una extraordinaria formación cultural y considerada una de las primeras grandes feministas de España.

El director de la Casa Museo, Antonio Ramírez Almanza, pondrá voz en el nonagésimo sexto aniversario del matrimonio de Juan Ramón y Zenobia, a las palabras que esta luchadora por la igualdad pronunció en el primer discurso público que ofreció en el Club de Mujeres de la Universidad de Puerto Rico en 1936.

Zenobia y Juan Ramón

El autor de Platero y Yo conoció a Zenobia en 1913, en una de las actividades culturales programada en la Residencia de Estudiantes de Madrid, y desde ese momento, la dulzura, la inteligencia y la extraordinaria capacidad de trabajo de la joven catalana nacida en Malgrat de Mar, cautivaron el corazón del moguereño, que dedicó a partir de entonces todos sus esfuerzos a conquistar a la hermosa Zenobia.

Juan Ramón hubo se superar las reticencias de la adinerada familia de la joven, que intentaron disuadirla en repetidas ocasiones de su relación con aquel poeta pobre, pálido y sensible, que no se parecía en nada a los pretendientes acaudalados que los Camprubí habían imaginado para su hija. Pero el amor todo lo consigue y así, la pareja va poco a poco descubriendo que no pueden vivir uno sin el otro, y deciden por fin casarse ante la insistencia de Juan Ramón, que no podía pasar ni un sólo día sin hablar o escribir a la mujer que había deslumbrado su alma de poeta y su corazón de hombre.

La boda entre Juan Ramón y Zenobia se celebró el 2 de marzo de 1916 en Nueva York. Ella tenía 28 años y él 34, iniciando ambos a partir de entonces una de las más fructíferas relaciones afectivas, personales y profesionales que se han dado en la historia de la literatura universal.

A partir de ese momento, la incansable Zenobia se convierte, además de en esposa, en amante, compañera, editora, secretaria, chofer y hasta enfermera del poeta, dedicándose en cuerpo y alma a la tarea de facilitar y proyectar la obra poética del moguereño, de la que fue permanente fuente de inspiración.

Después de más de 40 años de intensa vida en común, en los que Zenobia fue la más decisiva colaboradora y el aliento permanente para el trabajo poético de Juan Ramón, la enfermedad, un cáncer que ya la había afectado hacía unos años, volvió a recrudecerse con extrema dureza, hasta provocarle definitivamente la muerte el 28 de octubre de 1956, apenas tres días después de haberse recibido la notificación oficial de la concesión del Nobel de Literatura a Juan Ramón.

La confirmación del galardón poético la recibió Juan Ramón en la hora del más hondo dolor para su corazón de hombre, la de la agonía de su amada esposa. Cuentan los biógrafos del matrimonio que cuando entró el rector de la Universidad de Puerto Rico y leyó el telegrama de la academia sueca, Juan Ramón estaba sentado al lado de Zenobia, con sus manos entre las suyas. Ella hizo un esfuerzo, abrió sus profundos ojos verdes, miró los de su marido, y esbozó una leve sonrisa. Hacía ya días que no podía hablar, consumida por el cáncer, y Juan Ramón, abrumado por tantas emociones, rompió a llorar desconsoladamente. Al notar Zenobia el llanto desesperado de su marido, hizo un último esfuerzo y comenzó a entonar, con palabras apenas inaudibles, el villancico Ábreme la Puerta Niñito Jesús, estallando instantes después en emocionado llanto junto a su marido.

A partir de la muerte de Zenobia el 28 de octubre, el moguereño se sumió en la más profunda tristeza, y dejó de tener interés por la vida, apagándose poco a poco su existencia sin el constante apoyo de Zenobia, hasta que apenas 20 meses después de su muerte, Juan Ramón falleció también en el mismo hospital de Puerto Rico.

Zenobia y Juan Ramón, Juan Ramón y Zenobia constituyen sin duda el más claro ejemplo de amor por la poesía y de compromiso con la belleza que han dado las letras españolas, y por ello, las mujeres moguereñas tributamos hoy este emocionado homenaje a la mujer que supo renunciar a una trayectoria personal seguramente llena de éxitos, para dedicarse en cuerpo y alma a la obra en marcha de nuestro poeta, que sin su apoyo y su aliento, jamás hubiese conseguido desarrollar su creación poética en plenitud.

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