Los enfermos de tuberculosis se pueden curar siempre que cumplan el tiempo estimado de tratamiento

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Técnicas de diagnóstico.

El informe anual de la organización Mundial de la Salud (OMS) Global Tuberculosis Control 2011, publicado por el Día Mundial contra la Tuberculosis -enfermedad infecciosa que afecta sobre todo a los pulmones- que se conmemora el 24 de marzo, ha revelado que el pasado año en España la tasa de incidencia fue de 15-20 casos por cada 100.000 habitantes. En este sentido, el neumólogo del Hospital Internacional HC Marbella, el doctor José Fernández Guerra, ha afirmado que “se trata de una enfermedad curable siempre que se cumpla el tiempo estimado de tratamiento” y ha advertido de que “algunos pacientes cuando se encuentran bien suelen abandonar la medicación, lo que implica recaídas”.

Pese a los más de 30 años de estudios para luchar contra esta patología, “el tratamiento apenas ha variado en las últimas décadas”, ha comentado el doctor Fernández Guerra, quien ha explicado que “generalmente se combate con medicamentos conocidos como ‘tuberculostáticos’, ingeridos por vía oral, durante al menos 6 meses”.

Un avance reciente aún no consolidado en materia de diagnóstico permite detectar la infección mediante un análisis de sangre conocido como ‘Quantiferon’, un método que, en palabras del doctor Guerra, “a día de hoy no ha sustituido a las muestras biológicas del esputo del paciente o de la pleura -membrana que envuelve los pulmones- en caso de afectación de la misma”. Este tipo de análisis se estudia a través de microscopios o, en caso de que la prueba resulte negativa, se envía para cultivo.

En el caso de personas contagiadas que no han desarrollado la enfermedad, se realiza una radiografía de tórax y la prueba de la tuberculina, que consiste en inocular una muestra del bacilo infeccioso en el brazo. “Esta prueba debe desarrollar una reacción, lo que se considerará un contagio también denominado ‘infección latente’”, ha indicado el neumólogo.

Asimismo, el doctor ha destacado la importancia de la prevención de esta enfermedad que se puede contagiar y, además, puede extenderse mediante la sangre a otros órganos como las meninges cerebrales, causando meningitis, o los riñones. “La principal forma de prevenirla es detectando el ‘caso índice’, es decir, el caso contagioso, para cortar la cadena de transmisión”, ha apuntado detallando que “ante la detección de un caso, es necesario realizar un estudio de convivientes -personas que viven con el enfermo- y de contactos -personas que han estado en contacto estrecho con el enfermo-, para detectar posibles casos futuros, antes de que la bacteria se transmita”.

Según los datos, la tuberculosis sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más prevalentes ya que un tercio de la población mundial está infectada por esta bacteria y entre el 5% y el 10% la desarrollarán a lo largo de su vida.

En 1882, el médico Robert Koch descubrió el bacilo que provoca la tuberculosis, la bacteria ‘Mycobacterium tuberculosis’ y, desde entonces, la Organización de Naciones Unidas decidió celebrar un día que recuerde la importancia de la lucha contra la enfermedad, concienciando al público sobre las consecuencias causadas por la tuberculosis.

¿En qué consiste la tuberculosis?

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que afecta sobre todo a los pulmones, producida por el bacilo Mycobacterium Tuberculosis que suele acantonarse en los vértices pulmonares – partes superiores de los pulmones- donde provoca oquedades conocidas como ‘cavernas’. “Esta es la forma típica, que puede valorarse en una radiografía simple de tórax, aunque también puede provocar derrame pleural o incluso simular otras enfermedades”, ha asegurado el doctor Fernández Guerra.

En cuanto a los síntomas suelen ser muy variados en función del órgano afectado y de la duración de la enfermedad. La tuberculosis pulmonar, que es la más frecuente, suele producir tos, pérdida de peso, fiebre y en casos avanzados, expectoración de sangre, falta de aire e incluso dolor si afecta a la pleura. El contagio se produce cuando una persona sana inhala el bacilo, que se encuentra suspendido en el aire, procedente de las pequeñas gotas de saliva que el enfermo expulsa al toser.

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