In memoriam: Carta de Jesús de Fariña a Onofre López

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Amigo del alma: Te fuiste y no nos pudimos despedir, entre otras cosas porque tú y yo no creemos en las despedidas cuando de amistad se trata. La distancia de lo físico impidió mi presencia, eso sí. Sin embargo mi corazón estuvo contigo, los tuyos (que también son los míos) y la Huelva nuestra que siempre amamos tú y yo a pesar de los pesares. Aquella tierra doliente que nos hiere. Esa que casi nunca nos comprende, a nosotros los artistas hijos de ella. La misma que llora sin consuelo tu irreparable pérdida.

Los creadores andamos buscando siempre diferentes rutas, llevando a cuestas pesados equipajes de soledad y nostalgia, soñando divisar nuevos horizontes, rincones donde habite Dios o el destino e inalcanzables espacios donde inspirarnos sin importar que se gane o que se pierda en esa andadura de incesante búsqueda. Con el paso de los años la fuerza y la ilusión nos van agotando, minando poco a poco nuestra perecedera naturaleza, pero seguimos en la forzosa marcha, descubriendo que esos mismos recovecos los podemos encontrar en nuestro interior, sin plantearnos la existencia de posibles atajos, sin mover nuestras inquietudes y pasos a ninguna parte, solo rebuscando nuestros adentros en lo más recóndito de nuestro ser.

Tú, mi admirado y generoso maestro llegaste a ese mágico estado. Fuiste capaz de crear sin moverte, siendo fiel a tu nacencia, rodeado de tus recuerdos y familia de la que tan orgulloso te sentías. Basta con nombrar tres títulos de tus obras “Vivencias rocieras”, “Mi Huelva la lejana y rosa”, y “Desde el muelle de levante” para saber quién y de donde eras.

La última vez que nos vimos, hace ya demasiadas fechas lloré y me dijiste que no lo hiciera, que era muy doloroso para ti ver llorar a alguien por tu culpa. Cumplí mi palabra, con denotado esfuerzo; la cumplí. No me has visto llorar desde entonces, porque no fui a visitarte ni al hospital ni a tu casa, ni tan siquiera hablamos por teléfono, como tampoco lo hice con mis entrañables tíos Santi Robles y Joselito Romero o con mi querido Emilio Silvera (padre) o mi tía Mariquita Pavón, buena entre las buenas, que también marcharon sin despedirme de ellos.

Hace poco se fue mi amigo Don Pedro Macías y tampoco estuvo mi cuerpo cerca.

Soy así, nosotros somos así Onofre. Nuestra terrena existencia es distinta, como nuestro lenguaje. El idioma que tú me enseñaste solo está al alcance de unos pocos; peor para los muchos. Esos códigos los aprendí bien. Infinidad de veces intentamos descifrar algunos misterios compartiendo afectuosas complicidades.

¡Gracias! Traductor de sentimientos por tus consejos y por tu paciencia conmigo. Pasión vestida de “blanca y azul” y generoso espíritu “del color de caramelo” como decías en las letras de tus sevillanas.

Sin pronunciar un ¡adiós! te digo hasta pronto con un extracto de mi humilde poesía, recogida de una obra que me prologaste de forma genial como todo lo tuyo:

De que me sirve derramar hoy lágrimas en tu muerte

Si ayer me ayudaste a colmar de sonrisas mi vida.

Jesus de Fariña

Bayona (Francia) 25 de Marzo 2.012

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