TERETES.
Urdan a garín.
[Paco Velasco]

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TeretesRecibo con satisfacción que el juez del caso Nóos admita la personación de la Abogacía del Estado como acusación particular. La
igualdad de los españoles es el derecho fundamental que adjetiva las libertades del núcleo duro de nuestra Constitución. Sustantivo que adquiere su más alto valor cuando nos enfrentamos a los tribunales de justicia y, sobre todo, no nos engañemos, cuando hacemos valer el eslogan de Hacienda somos todos. Hasta ahí, de acuerdo.

En este proceso mediático en el que la unanimidad de la condena preside los editoriales de todos los medios más allá de la ideología de cada uno, los pescadores de ríos revueltos persiguen una pieza mayor a través de la travestida técnica del disparo por elevación o de la canasta bomba. En este momento, la prudencia y la cordura deben imponerse. El delincuente convicto y confeso deberá afrontar sus penas conforme a ley. La familia del reo sufrirá la afrenta moral que
corresponda pero no puede participar de la pena ni con la multa ni con la cárcel ni con el destierro ni con la aniquilación. Aprovechando que el Odiel pasa por Huelva, a ver si contaminamos sus aguas con unas buenas balsas de fosfoyeso. No y no.

Con Urdangarín está pasando un cuarto y mitad de lo mismo. Como el marido de la Infanta Cristina puede ser empapelado, en el mismo envoltorio cabe el suegro y, en el ataúd floreado subsiguiente, se introduce al rey y, con él, la Corona y toda la monarquía parlamentaria. De esta manera, los enemigos de la democracia que se sustenta en nuestra Constitución hacen de su querencia por la dictadura (de derechas o de izquierda que me da igual que lo mismo me da) el
objetivo irrenunciable. De nuevo, nones. Los que quieran maquinar cautelosamente algo contra alguien en pos de un designio particular, URDAN, que es su derecho. A GARÍN o a Garona. Que dispongan de los hilos que deseen para alimentar la urdidera. A cada uno lo suyo. Sin problemas y sin objeciones.

Al suegro del acusado, si quieren alancearlo, pues que sigan en la labor ya iniciada desde ciertos sectores de la sociedad. Allá ellos y que se defienda él. Pero la Corona, no. La Corona representa la unidad del Estado frente a la división orgánica de poderes y simboliza la integración nacional. Demasiado bocado para estómagos tan toscos. Los independentistas de contra, los republicanos
de pro, los indignados sin causa y los cabreados con motivo tendrán que acogerse a nuestra ley superior. Y si, a base de presionar, consiguen modificarla o derogarla, nos congratularemos todos porque, en efecto, el pueblo es el soberano. En caso contrario, ya saben, agua y ajo, o bien a Cuba o Corea del Norte.

De una vez por todas, a ver si los alborotadores del barro y los aventadores del humus respiran su propio odio. Que entiendan, que es fácil, que la legitimidad de la Corona proviene del refrendo popular, ya que la Constitución establece que el pueblo es el sujeto de la soberanía popular. Y es tan hermosa esta Carta, que podemos expresar ahora lo que la Dictadura nos robó durante cerca de cuarenta años. Así que urdan a Garín pero dejen en paz nuestra serenidad emocional y nuestra seguridad jurídica. Nuestra hermosa libertad.

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2 comentarios

  1. Cinta Zambrano Ruiz on

    En el tablero ajedrezado español están sus piezas algo fuera de sitio. Algunos peones jalean contra el Rey de su color, porque un Duque en su Caballo, ha utilizado la proximidad con este Rey, para hacer de las suyas, es decir, romper parte de la vanguardia de los peones con que se protegía, entregándolos al Alfil contrario, con ánimo de escapar indemne. Pero da la casualidad que la Torre que bien le guardara, le delata ante el Alfil justiciero. Dicho sea de paso que este Alfil no cuenta con la protección ni beneplácito de una de las Reinas, que haciendo movimientos muy largos y arriesgados, intentó cubrir a ese Duque montado en su Caballo, alargando la partida a tierras allende los mares. Da la casualidad, que prosiguiendo la partida de nuevo en estas tierras Ibéricas, ha de surcar otro mar, llamado por los latinos Mare Nostrum, y eso pensaría el Duque bien montado en su Caballo, si estoy cerca de mi Rey y me muevo con la protección de mi Reina, por fuerza he de ganar la partida, para ello mediaré con el Alfil justiciero para que mi amada y bella esposa, a la que debo mi ostentación Ducal, quede protegida y apartada de tan desgañitados peones, en su Torre, y no esté bajo el riesgo de tan dura y fea batalla, pues comencé con ventaja una partida, que por mal iniciada creo que la tenemos perdida. Imploraré el perdón a S.M., cuando de nuevo en la Web mi figura esté restituida, o perderé todos mis bienes y prebendas, y quizás a mi costilla.
    Diría si vergüenza trujera el Caballero Ducal Urdán Garete.

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