Opinión: “El massa Rossell”

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Algunos que ya no cumplen los cuarenta recordarán una exitosa serie de finales de los años 70, llamada “Raíces”, donde se narraba la saga de un esclavo, Kunta Kinte, capturado en las costas de Gambia y vendido a la familia Reynolds, terratenientes que lo compraron para trabajar en su plantación. El amo o “massa” Reynolds controlaba la comida y hasta el aire que tenía derecho a respirar cada esclavo, castigando con el látigo y llegando incluso a cortar parte del pie al protagonista.

Pues bien, en este país nos han castigado con un nuevo “massa”, el señor Rosell, presidente de los empresarios y sucesor en la patronal de otro personaje, Díaz Ferrán, presidente de Viajes Marsans cuando esta empresa fue declarada en quiebra y se dejó sin pagar a acreedores, clientes y empleados y posteriormente acusado de alzamiento de bienes, estafa, evasión de capitales, blanqueo de dinero y lo que vaya apareciendo.

Volviendo al personaje que nos ocupa, el actual presidente de la patronal señor Rosell, quien se nos despacha con una serie de “perlas cultivadas” tales como: “Si a mí me dejas la legislación laboral, te la cambio en una semana”, o esta otra: “Aunque los sindicatos lo llaman contratos basura, nosotros creemos que es mejor tener a la gente trabajando una hora, dos horas o tres horas que cero. Esa es nuestra teoría. Y que a lo mejor este contrato pudiera ser compatible con la percepción de algún tiempo de subsidio”. O termina espetándoles a los funcionarios: “A lo mejor, es mejor ponerles un subsidio a que estén en la Administración consumiendo papel, consumiendo teléfono y tratando de crear leyes”.

Este personaje que, al parecer, hasta cobra por decir sandeces y que cuestiona las cifras oficiales de parados, pasando por alto la enorme parte de culpabilidad en ellas que tiene él mismo como presidente de una organización que compite por incompetencia, valga la paradoja literaria, con los gobiernos que sufrimos.

La Reforma Laboral ha propiciado, haciéndole el caldo gordo al empresariado, la ingente cifra de despidos y trabajos precarios que se ha producido en los últimos tiempos. El tándem Gobierno-Patronal, con anuencia o permisividad de algunos sindicatos, nos está llevando a una situación insostenible que está hundiendo la economía y posicionándonos en la cúspide del paro en la Unión Europea. Nuestra paisana, al frente del ministerio, se está luciendo en todos los campos de su competencia: En Empleo no dejan de crecer las cifras de parados. En Seguridad Social cada vez decrece más la ratio “trabajador en activo/pensionista-perceptor subsidios”. En Salud Laboral estamos a la cabeza de Europa en estrés y depresiones por motivos laborales. Y por último en Inmigración y Emigración, los inmigrantes abandonan el país y nuestros trabajadores, más de 400.000 y sin solución de continuidad, jóvenes fundamentalmente, tienen que emigrar al extranjero en busca de empleos con salarios precarios, por no encontrar aquí, no ya esos salarios, ni siquiera el empleo.

Con todo esto y con la incompetencia de los principales partidos políticos, enfangados en casos de estafas y corruptelas que también afectan a las más altas instituciones de la nación, nos llega el “massa” Rosell con sus desahogos dialécticos. Este señor no es digno, o tal vez sí en vista del comportamiento de su predecesor, de presidir una institución que debe fomentar el empleo y buscar la paz social. Aunque esa institución, más bien, lo que hace es recibir ingentes subvenciones procedentes de nuestros impuestos.

Con sus comentarios, el señor Rosell, lo que crea es una alarma social que poco o nada va a contribuir a la credibilidad y a la recuperación de este país. Con sus postulados quiere volvernos a situaciones laborales decimonónicas o incluso anteriores, de amos y esclavos, de señoritos cortijeros y jornaleros de “una hora, dos horas o tres horas”, por citar una de sus frases anteriores. O también, por añadir otra de las suyas: “Habría que permitir salarios por debajo de convenio”.

Juan Rosell, no nos castigue con sus latigazos dialécticos y recortándonos, aún más, el pan cada vez más escaso que nos llega. Que bastante tenemos ya con los desatinos de sus presididos y de quienes nos gobiernan. Yo le digo como dijo Don Quijote a Sancho: “Prevaricador del buen lenguaje, que Dios te confunda”.

(Firma: Nacho Fernández)

 

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