EL ESTERO.
Cuatro gatos.
[J. J. Conde]

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El EsteroCuatro gatos que somos en esta metrópolis, y hay que ver la cantidad de problemas que nos creamos y la diferencia tan abismal que exhibimos cuando de abordar determinados asuntos se trata. Que seguimos sin aprender en esta pobrecita urbe, que si no mantenemos la firme convicción de que todos a una es mejor que todos a ninguna continuará sobre nosotros el insistente machaqueo en la misma mejilla que venimos recibiendo desde hace ya décadas; desde que las “lúcidas” mentes de una muy concreta época resolvieron, que en una pequeñita ciudad marinera situada al sur del Sur sería donde mejor encajase un Polo de Desarrollo cuyo componente estrella fuera la química: un El Dorado cualquiera del que sacaron buena tajada algunos, y algunos aún la sacan y algunos la sacarán por los siglos de los siglos.

Y es que viendo y comprobando de la manera en que se maneja el ciudadano en otras ciudades (siempre comparando, ¿verdad?), a uno no le queda más remedio que pensar que la famosa apatía (excepciones y muy honrosas las hay) es la verdadera seña de identidad del onubense. Aunque también pienso que lo del avestruz tiene algo que ver con el blanco y el azul y, a veces, se confunde con lo apático. Porque me estoy dando cuenta de que para cuestiones que, a mi modesto entender, tienen o pueden tener una repercusión gravísima sobre esta tierra repleta de marismas, “el personal” se da prisa por meter la cabeza en el primer hoyo que tenga a su alcance (a modo del avestruz) y con este proceder, a todas luces indigno, evadirse de la responsabilidad que tiene como integrante de una comunidad hostigada a más no poder y en su misma esencia por los distintos gobiernos que han ido desfilando a lo largo del tiempo.

Aquí, lo de mojarse nada más que lo mínimo es lo habitual, lo cotidiano, lo de andar por casa. Y así nos va, oiga. Porque pasar de ser una ciudad privilegiada, en cuanto al encantamiento natural que por nacimiento siempre tuvo, a ser una capital despersonalizada en su tratamiento urbanístico -que nunca supieron los arquitectos “de pro” conjugar alma y cuerpo-, con carencias de peso en sus infraestructuras, con una clase política instalada todavía en el provincianismo, la intelectualidad asistiendo con frecuencia y facilidad al lugar en el que le dan de comer y no importa si el pienso es puro o light, con la inacción como norma… Pues, que pasar del privilegio original a la desdicha cotidiana del desprecio oficial no deja de ser una circunstancia desfavorable respecto de la salud, con proyectos ya consolidados, de que goza la mayor parte del territorio andaluz. Pero la voz del huelvano no se eleva lo suficiente. Y cuando por algún motivo tímidamente comienza a elevarse, la algarabía, el enfrentamiento pueril, la prepotencia y lo cateto afloran de inmediato y todo se pierde por el vertedero que va a parar a la Ría (con mayúscula). Y eso, que somos cuatro gatos.

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3 comentarios

  1. Cinta Zambrano Ruiz on

    Veo que le duele Huelva, eso es sin duda que de verdad la quiere. Perdóneme la comparación, pero a usted le veo respecto a Huelva, como a Luciano Anneo Séneca respecto a su alumno Nerón. Pero no le voy a pedir que también se corte las venas, como hizo el gran filósofo Séneca por obediencia a su Emperador y querido alumno, perseguidor de los cristianos, aquellos que compartían todo. Como verá, aquel pasaje no tiene nada que ver con el suyo, bueno el pasaje de todos los que vivimos en su amada y padecida Huelva, porque no veo por aquí que haya ningún político de la décima parte de peso (en influencia sobre el personal choquero) que el denostado Nerón. ¿Acaso se difuminó el espíritu auto crítico con la desaparición de los ancestrales tartésicos?…..
    Le encarezco que siga opinando y escribiendo sobre estos temas, haber si de una vez somos todos conscientes y reaccionamos al unísono.

    • De nuevo, vuelvo a agradecerle sus siempre acertados y sinceros comentarios respecto de lo que escribe este articulista. Muchas gracias.

  2. Gonzalo Pozo Lepe on

    La fuente que mana el agua que en verdad sacia la sed no es la misma que escupe los abalorios que tanto deslumbran a las urracas.

    Afortunadamente, eres un hombre comprometido y coherente con tus principios.

    Gonzalo

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