Los tres acusados de acoso a temporeras niegan los hechos

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Los tres acusados (un empresario agrícola y sus dos hijos) de abusar y maltratar a 24 trabajadoras han negado los hechos que se les imputan en el transcurso del juicio que ha tenido lugar este lunes. Aunque sus abogados han intentado inicialmente que la vista fuera suspendida por ausencia de algunos testigos, ésta ha seguido adelante y no ha pasado como en dos ocasiones anteriores en las que sí se suspendió el juicio.

Los hechos que se juzgan tuvieron lugar en el año 2009, cuando se produjo la denuncia del caso ante la Guardia Civil por parte de un ex trabajador de la finca, ubicada en la carretera de Palos de la Frontera a Moguer, en el paraje denominado Cabezo Redondo.

Según la acusación de la Fiscalía, veinticuatro mujeres, temporeras inmigrantes de Marruecos y de países del Este, sufrieron durante meses golpes y abusos sexuales, vejaciones y un trato inhumano a manos de tres hombres, el empresario agrícola para el que trabajaban y sus dos hijos.

Los delitos de los que vienen siendo acusados dan idea de lo que las temporeras pudieron llegar a vivir a comienzos de 2009 en Cabezo Redondo: 25 delitos contra la integridad moral; un delito continuado contra los derechos de los trabajadores por imposición coactiva de condiciones laborales; cuatro delitos de abuso sexual, cinco faltas de maltrato de obras y dos faltas de amenazas.

Según el escrito del fiscal, las temporeras estaban obligadas a hacer sus necesidades en el mismo campo, tenían prohibido abandonar su puesto de trabajo ni siquiera para ir a por agua ni relacionarse con trabajadoras de las fincas colindantes. Los patronos violentaban la intimidad de las mujeres, llegando a entrar a su antojo y sin permiso en las viviendas de las y haciendo uso de la fuerza física en alguna ocasión: a una de ellas se le obligó a patadas a levantarse de la cama, donde se encontraba por enfermedad, para ir a trabajar.

Entre insultos “putas, os vamos a mandar a Marruecos, cojones, que en vuestro país estáis muertas de hambre”, “hijas de puta, tontas, inútiles”, también les exigieron favores sexuales para garantizar la continuidad del trabajo, al tiempo que imponían mediante amenazas o coacciones condiciones laborales abusivas tales como efectuar jornadas de diez horas, no respetar el tiempo mínimo para el almuerzo o negarles días libres.

 

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