El obispo de Huelva sigue las palabras del Papa Francisco y pide “una Iglesia pobre y para los pobres”

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El obispo, José Vilaplana, durante la Misa Crismal. (Celia HK)

El obispo de Huelva, José Vilaplana, ha presidido en la mañana del Martes Santo en la catedral la Misa Crismal de consagración del Santo Crisma y bendición de los Óleos de los catecúmenos y de los enfermos. En la homilía ha enviado claros mensajes de unidad a la comunidad religiosa onubense y ha subrayado las palabras del Papa Francisco en el inicio de su pontificado: “trabajemos por una Iglesia pobre y para los pobres“.

Vilaplana dijo a los numerosos religiosos que llenaban la catedral de Huelva, que además mantenía abierta la puerta que comunica con la Universidad, que la Misa Crismal tiene en 2013 un significado especial por celebrarse en el Año de la Fe. Dirigiéndose de forma directa a sacerdotes y monjas les animó a cultivar la vocación en fraternidad. En este sentido, aseguró que los “sacerdotes deben estar unidos a otros sacerdotes” e hizo un llamamiento a la “unidad del presbiterio”.

La catedral mantenía la puerta abierta con la Universidad de Huelva durante la celebración de la Misa Crismal. (Celia HK)

También habló de la dimensión diocesana de la fe y aludió a las palabras del Papa Benedicto XVI, quien proclamó que “el que cree nunca está solo“, frase que utilizó como base para transmitir la necesidad de “buscar la unión porque forma parte de nuestra identidad”.

Asimismo se refirió al “sentido misionero de la fe” para instar a los presentes a “reavivar nuestra misión evangelizadora” y “visualizar a Cristo“. Vilaplana aprovechó este momento para lanzar un mensaje en un periodo, el de Semana Santa, en el que se habla mucho de la Iglesia pero durante el cual no siempre se tiene presente a Dios. El mensaje no pudo ser más nítido: “hay que evangelizar a quien estando bautizado vive como si no fuera cristiano”.

La catedral se encontraba completamente llena durante la Misa Crismal. (Celia HK)

Otro pilar de su homilía estuvo en la dedicación y entrega de la Iglesia a los pobres. Dijo que hay que estar “con los pobres, con los más débiles, con los más pequeños”. Y sustentó este alegato en las palabras pronunciadas por el Papa Francisco en el inicio de su Pontificado en las que ha pedido “trabajar por una Iglesia pobre y para los pobres”. En este instante, agradeció a los sacerdotes que hayan renunciado a la paga de Navidad para destinarla a los más desfavorecidos.

En el inicio de la homilía el obispo de Huelva felicitó a los sacerdotes que este año cumplen sus bodas de oro y de plata, a quienes nombró uno por uno, destacó el trabajo que desarrollan los “hermanos en misión” y recordó a los “hermanos fallecidos” desde la última Misa Crismal.

La celebración de la Misa Crismal expresa, de un modo especial, el misterio de la Iglesia y constituye una manifestación plena de la Diócesis. Esta unidad con el obispo se hace más significativa con la presencia de los fieles cristianos de todas y cada una de las diversas partes de la Diócesis, acompañando a sus sacerdotes, quienes en esta celebración renuevan públicamente sus promesas sacerdotales y son animados por el obispo a guardar la fidelidad de su ministerio.

Las imágenes preparadas para su salida contemplaron la Misa Crismal en la catedral. (Celia HK)

El Santo Crisma es una mezcla de aceite y sustancias aromáticas con el cual son ungidos los que se bautizan y se confirman; con el Crisma se ungen también las manos del nuevo sacerdote, la cabeza del que es consagrado por el obispo el día de su ordenación sacramental, los altares y las iglesias el día de su dedicación.

En la consagración del Santo Crisma, los sacerdotes son testigos y cooperadores del obispo, partícipes de su función de santificación y servicio del pueblo de Dios y se unen a su oración en una expresión viva de la unidad del sacerdocio y del sacrificio de Cristo; esto justifica la presencia y participación de sacerdotes de las diversas comarcas y de los distintos arciprestazgos de la Diócesis y motiva la invitación y la especial llamada a que estén presentes los religiosos, religiosas y fieles cristianos procedentes también de las distintas comarcas que componen el territorio de la Iglesia local o Diócesis.

Con el Óleo de los catecúmenos se unge a quienes van a recibir el Bautismo, mientras que el Óleo de los enfermos remedia las dolencias del alma y del cuerpo, ayudando a hacer frente con fortaleza a su mal físico y espiritual.

El Santo Crisma y los sagrados óleos son llevados, posteriormente, a todos los arciprestazgos y parroquias donde, de un modo solemne y expreso, son presentados, como expresión de unidad, en la Misa Vespertina del Jueves Santo.

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