De profundis

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La corrida de este viernes en Huelva ha tenido momentos de gran brillantez, aunque los diestros fallaron al matar y los toros no demostraron casta. (Foto: Gilberto)

La corrida de este viernes en Huelva ha tenido momentos de gran brillantez, aunque los diestros fallaron al matar y los toros no demostraron casta. (Foto: Gilberto)

(Texto: Bernardo Romero)  

Pain, unlike pleasure, wears no mask  (O. Wilde)

Segunda de abono y primera de las corridas de toros para primeras figuras que la empresa ha tintado en los carteles. Poco cemento visible en el coso de La Merced. Toros de Jandilla, muy parejos y con las fuerzas justas incluso para entrar con poderío al peto en el tercio de varas. Nobles pero con síntomas de mansedumbre sobre todo al final de cada faena. Bajos de peso y el último entraría muy justo en una novillada de plazas toristas, debido a su poco peso.

Morante de la Puebla. Estocada desprendida y oreja. Ovación tras dos avisos y varios descabellos; a partir del tercero el torero supo que ya no habría trofeos y nosotros perdimos la cuenta.

Miguel Ángel Perera. Mal con la espada. A su segundo, dos pinchazos sin soltar para terminar asestándole un bajonazo. Ovacionado en los dos de su lote.

Alejandro Talavante. Estocada y oreja. En su segundo recurrió al bajonazo y sólo cosechó una cerrada ovación tras persistente insistencia del respetable. El presidente permaneció en su sitio. Algo está cambiando, pero es curioso que se blandan pañuelos peticionarios incluso en el palco de la presidencia.

Hermosa tarde de toros en el tendido y detalles de uno de los toreros en activo que encierran en su sabiduría el sufrimiento necesario para hacer las cosas bellas. Morante demostró jondura, que es como se llama por aquí a la profundidad, a las cosas complejas y con sentimiento. Es su torero limpio y desmayado, como el que guardamos en la retina de Su Majestad don Curro Romero, y de otros que entendieron así el arte del toreo: sentimiento, templanza y las mejores hechuras, por eso decían del faraón de Camas que era torero hasta paseando. Claro que sí. También vimos en más de una ocasión el brazo desmayado de Rafael de Paula, y aunque en tonos de una composición menor, a Paco Ojeda y otros que se movieron siempre a un son distinto al del noble animal que les acompañaba en la faena. El toro en su sitio y el torero en el suyo, que nunca entendí a ciencia cierta qué quiere decir eso de que hay que quitarle el sitio a nadie. Ni al toro ni al torero, cada cual en su sitio y cada cual con su ritmo, con su manera de andar y de moverse por el redondel. El toro, si muestra bravura y casta, defendiendo su territorio con el único apoyo de su fuerza, y el torero, si es torero y capaz de sufrir para transmitir lo que siente y desea, paseando y hasta bailando mientras se pasa el toro cerca de la taleguilla. En esto del toro, está todo inventado, pero a veces es bueno encontrarse con dos tandas o tres, que nos regalen toreros como este Morante que deja caer el brazo como una pincelada que resuelve la más profunda composición, el resultado cromático más hermoso y exacto. Ayer en la plaza de toros de La Merced, el de La Puebla del Río, dejó unos apuntes de lo que es torear con hondura, con jondura que decimos por aquí. Con profundidad. De profundis.

Junto al maestro Morante, dos toreros muy aplicados y listos. El toreo que enseñan en las escuelas de tauromaquia, es como el cante y el baile que se enseñan en las peñas flamencas, muy aseadito y políticamente correcto. Pero ya está. Perera pasaportó el peor ganado a la carnicería de los bajos del tendido nueve, sin pena y también sin gloria. Talavante transmitió en su primero, se lució en más de un lance y luego quiso redondear en su segundo para salir por una puerta que ayer se quedó cerradita y sin dueño.

Pero algún día, cuando Morante esté a gusto y un toro le embista con ansia, el maestro dejará caer la mano, como desmayada, toreando con la profundidad que sólo han tenido algunos elegidos que saben, entre otras cosas, que al contrario que el placer, el dolor no lleva máscara.

 

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5 comentarios

  1. Las corridas de toros son espectáculo de MUERTE y sangre que debería haber pasado ya a la historia. Despertad vuestra conciencia humana Sres y sobre todo Sras., que sois las que vais de superiores en inteligéncia y cordura por esta vida.

  2. Admirado Bernardo se te ve el plumero desde el barrio La Guita. Morante no mereció la oreja sólo por la “estocada”. Sus incondicionales y el “barato” público mercedario se la arrancaron al noble morlaco. Ni Romero ni de Paula aparecieron por la Vega Larga.

    • Bernardo Romero on

      Querido amigo, en momento alguno digo que mereciera la oreja, precisamente escribo de lo único que saqué en claro de la corrida, las dos o tres tandas de Morante dejando caer el brazo y llevando al toro embebido en el percal. Poco más. Espero poder ver al de la Puebla del Río algún día en una tarde sublime, porque sé que este es de los que lo pueden hacer. De los demás, pues nada, muy aseadito y muy limpio todo, pero ya está. Un abrazo y tienes razón en parte en lo del público. En los últimos años he notado cierta evolución. Es verdad que no hay corridas en Huelva, pero cada vez que voy a la Maestranza veo a más gente de Huelva, y además está la tv y otras plazas que se visitan por ahí. Lo cierto es que cada vez hay más gente que entiende. Yo, poco. Por supuesto.

  3. Estimado Bernardo se te ve el plumero desde el barrio La Guita, Morante no mereció la oreja del primero, sólo sus incondicionales y el “barato” público mercedario le otorgaron la oreja al puebleño. Ni Curro ni Paula aparecieron por la Verga Larga.

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