DESDE BARCELONA.
Tiempos incómodos (1).
[Jordi Querol]

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Al inicio de los años 60 del pasado siglo y durante dos veranos (Julio-Agosto), en el campamento militar “Los Castillejos” (montañas de Prades, Tarragona), tuve que soportar mucho calor y, otras cosas, claro. Allí, con mis compañeros de promoción, cumplíamos con un deber obligado: las milicias universitarias. Estábamos pletóricos y muy delgados, nos levantábamos muy temprano, no salíamos de noche, hacíamos mucho ejercicio, comíamos equilibradamente, y el sol, intenso e inmutable, transformó enseguida el color de nuestra piel. Yo, leí mucho y devore la mayoría de obras de Sartre y de Jean-Marie Domenach (1922 – 1997). Entre 1941 y 1942, Domenach fue el líder de la resistencia de los estudiantes de la Universidad de Lyon; en 1945 dirigió la revista Aux armes! de las fuerzas francesas del interior y, a partir de los años cincuenta, la revista Esprit (un proyecto suyo) contribuyó a la formación de una izquierda democrática en Francia; un intelectual que alimentaba ciertas pasiones y sobre todo, agudizaba los sentimientos revolucionarios de algunos de nosotros, los estudiantes universitarios bajo el poder franquista (triste época).

Estos últimos meses y hoy mismo cuando leo la prensa de nuestro país, he tenido ocasión de recordar una reflexión que aprendí de este escritor durante aquellas prácticas militares. En Castillejos, una cosa de Domenach, me quedo grabada al fuego, decía algo así como: “…la naturaleza humana necesita tener enemigos y, si no los tienen, se los inventa”.

Supongo que esa humana propensión explica la reacción actual de ciertos ciudadanos respecto a Cataluña; hablo de ciudadanos impulsivos y desinformados que no han leído demasiadas cosas sobre Europa y que, por supuesto, nunca han visitado Cataluña. Viven algo ‘aislados’ y no saben matizar, es decir, personas que de historia no saben nada de nada. Cuando estos ciudadanos son además miembros del PP (Partido Popular) o bien simpatizantes suyos, el tono aumenta, es decir, Cataluña es para ellos una especie de demonio, o sea, el enemigo a batir. Algunos catalanes, bastantes más de la mitad de la población actual de Cataluña (hablo por tanto de algunos millones de seres humanos), igual de demócratas que el que más, de apariencias y orígenes muy distintos, de edades múltiples, sin excepción bilingües, de profesiones varias, de ideologías muy diferentes (repasar la estructura actual del parlamento catalán) pero, con un factor común, no somos independentistas, delante de esta reacción (un recurso muy triste) quedamos perplejos y a la par totalmente apenados. Sin embargo, yo que hace más de medio siglo tuve la suerte de leer a Domenach en aquellas calurosas montañas tarraconenses, de alguna manera, lo sé encajar mejor.

Los millones de catalanes que acabo de aludir (el grupo al que yo pertenezco) sufrimos un doble castigo, el que proviene del exterior, y que acabo de glosar, y el de origen intrínseco, o sea, la incomodidad del pesadísimo proceso catalán de secesión. Mas y Rajoy no son demasiado brillantes, si fueran futbolistas no jugarían en primera división. Tiempos incómodos

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