DESDE BARCELONA.
Tiempos incómodos (2).
[Jordi Querol]

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Decía hace unos días que, algunos catalanes, de aspectos y orígenes muy distintos, de edades múltiples, todos bilingües, de profesiones varias, de ideologías muy diferentes y no independentistas, delante de según qué reacciones nos quedamos perplejos y a la par totalmente contrariados. Los millones de catalanes que acabo de aludir (el grupo al que yo pertenezco) sufrimos un doble castigo, el que proviene del exterior, y el de origen intrínseco, o sea, la incomodidad del largo proceso catalán de secesión.

Sin embargo, digan lo que digan los políticos de Madrid y muchos periodistas del mismo entorno, en Cataluña hay un problema. El pasado día 11, sin ningún género de dudas, quedó aseverada su existencia. En la actualidad las fotos aéreas no engañan, expresan con mucho detalle la mismísima realidad. Los que se manifestaron el mencionado día no son actores a sueldo, ni marionetas, ni extraviados, por lo tanto, una movilización de esta categoría y envergadura, forzosamente tiene que tener consecuencias políticas. Rebatir esas fotos, tal y como lo está haciendo el ministro de Asuntos Exteriores, es calentar el ambiente y provocar enfrentamientos. Lo del periódico ‘La Razón’ diciendo: “Ayer, Barcelona fue una ciudad sitiada” no tiene parangón alguno. Estos escenarios de feroz confrontación, comentarios despectivos, amenazas, y una aterradora ausencia de dialogo, no favorecen a nadie.
Pretender que entre Cataluña y España todo siga igual me parece una fantasía infantil inadmisible.

La única solución sensata es reconocer de una vez por todas las extraordinarias diversidades de los distintos y esplendidos pueblos españoles y aceptar que Cataluña es una nación, revisando sus temas fiscales. Así, se eliminaría el conflicto. Ignorar la realidad, a la larga, nunca da buenos resultados. Normalmente, los políticos que usan esta estrategia, además, creen inocentemente que el tiempo lo arregla todo. Craso error, el tiempo, por si solo no soluciona nada, sin embargo, es constatable que cuando se mezcla la mencionada ignorancia con la hostilidad el problema va creciendo. Esto es exactamente lo que ha pasado y está pasando.

Hace varios años, en el barrio de la Orden (Huelva) junto a mi cuñado Juan Machuca, comprando periódicos temprano por la mañana, me di cuenta que en el mostrador de aquel estanco reposaba un cartapacio abierto al público donde, el que quería, firmaba contra el Estatuto de Cataluña, por cierto, un Estatuto referenciado por el pueblo catalán y aprobado democráticamente en los parlamentos español y catalán. Una irresponsable iniciativa del Partido Popular para poder impugnar el mencionado Estatuto delante del Tribunal Constitucional (TC). Al salir le comenté a Juan que si todo aquello prosperaba y, al final, el TC daba la razón al PP tendríamos problemas. Mi cuñado, un onubense listo, entrañable amigo mío, hoy lo podría constatar, sin embargo, ya no lo puede hacer porque desde hace algún tiempo nos dejo para siempre. Nosotros, aún aquí, vivimos tiempos incómodos.

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