DESDE BARCELONA.
Gracias por elegirnos.
[Jordi Querol]

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‘Gracias por elegirnos’, es la frase que, cada día, esgrimen Ana Igartiburu y Elena S. Sánchez (su sustituta) al despedirse de su audiencia. El programa que presentan se llama ‘Corazón’, y lo emite TV-1 a las 14: 30 (antes del telediario de las tres de la tarde). Mi mujer explica que, viéndolo, se distrae, por eso, yo lo aguanto, porque lo nuestro, es decir, mi matrimonio con esta onubense de la calle San Andrés es de los añejos, de los que ya no se llevan, los de la marca: ‘hasta que la muerte nos separe’. Volviendo al tema y seriamente, lo que más me fastidia de esta emisión televisiva, es el mencionado adiós. Que después de un craso e integral aburrimiento te den las gracias por haberles elegido es un batacazo final que lastima.

Hace unos meses el galán habitual de este programa era el torero Ortega Cano, el que fue marido de Rocío Jurado. Supongo que, en su día, fue un buen matador de toros pero, escuchar hoy sus somníferas disertaciones, y sus triviales declaraciones sobre hijos y accidentes automovilísticos resulta aburridísimo. Sus hermanos (que también aparecían a menudo), todavía más lánguidos, tristes y afligidos que él, tampoco han nacido para entusiasmar a los telespectadores, en resumen, un infortunio. Al torero, lo auxiliaban a menudo un sinfín de personajes ‘de luxe’: Paquirrín, su joven y bellísima ex mujer con su novio futbolista, la cuñada de la Jurado, la hija de esta con su Fidel…, o sea, un empalago. Sin embargo, yo no sabía que lo más latoso estaba por llegar; ahora, la prima dona del programa es la hija de la Pantoja, una joven nacida en algún lugar de la América latina que hace poco ha sido madre. Resulta lamentable y fastidioso comprobar que, ser matrona precoz (separada de su pareja) e hija adoptiva de tonadillera, son virtudes suficientes para salir reiteradamente y, a la hora de comer, en la primera cadena de nuestra televisión. Esta chica, sin ninguna galanura física ni intelectual identificable de entrada, tiene la virtud de amargarme a diario mi gazpacho. Pero aquí no concluye mi desventura, junto a ella, también aparece el padre de su hijo, un joven y soporífero gaditano sin actividad ni oficio reconocido que ahora sale con una ex de Paquirrín. Curiosamente, la mayoría de personajes de esta emisión proceden fundamentalmente de dos canteras: el clan Pantoja (viuda de un torero), y el clan Cano (viudo de una cantante). Para decir toda la verdad, no solo siento compasión por mí y por muchos otros telespectadores, también la siento por ellos (los protagonistas del programa), personas que, durante sus vacaciones, al entrar y salir de sus respectivos domicilios, en aeropuertos y estaciones férreas, son acosadas sin piedad por numerosos periodistas.

¿Quién organiza todo esto? ¿Quién diseña este desaguisado? ¿Son mi mujer y otras marujas las instigadoras de esa debacle? Ya sabemos que el nivel de nuestra televisión pública es muy flojo y, seguramente, se mueve con presupuestos nimios, sin embargo, creo sinceramente que el frívolo y superficial formato del mencionado programa mejoraría muchísimo escogiendo personas que tuvieran un poquito más de salero. Si se hiciera así, sus feligresas habituales (las marujas antes mencionadas) disfrutarían mucho más y, unos cuantos, sufriríamos algo menos. Creo sinceramente que el único culpable es el director del programa.

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