Viernes 19 de Agosto de 2022

Laberinto social.
Estamos en posguerra.
[Federico Soubrier]

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Federico SoubrierEn la otra, los edificios estaban derruidos por las bombas y el panorama se presentaba mucho más caótico. En ésta, las viviendas están marcadas por carteles de se vende o se alquila, colocados allí desde hace una media de cinco años, anunciando que nadie los habita y que sus propietarios están asfixiados a pagar impuestos.

Sobre los edificios que digamos se mantienen en pie, se ciernen los obuses de los bancos con sus hipotecas de pesetas disfrazadas de euros, devaluadas de sobremanera, amenazando desahucios.

Si por entonces, en aquella guerra civil, España se mantuvo al margen de la confrontación europea, hoy anda herida de gravedad por el ataque alemán desde Bruselas.

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Aquellas cartillas de racionamiento se han transformado en gentes que colmaban sus carros sin miramiento en las grandes extensiones, tirando ahora de calculadora, ajustando hasta el último céntimo, remirando las ofertas y esperando a última hora en la cola del pescado, que es cuando bajan los precios para liquidar.

No teníamos que olvidar las listas de espera en las hileras de contenedores para hacerse con los productos caducados pero aun comestibles. Listas en las que el número de primacía para hacerse con el botín se defiende a navaja y sin tapujos.


Si por entonces era impensable mandar a los críos a estudiar a la escuela y la prioridad era un trabajo gratuito de aprendiz de cara al futuro para colaborar en casa o casarse pronto y levantar el país, hoy casi nadie se puede permitir costearle a los jóvenes la universidad, hay que mantenerlos hasta los treinta o más en casa, sin ningún aporte económico por parte de éstos y el futuro está en que se vayan a levantar otros países.

Mientras, cada día suenan sirenas de bombardeos en la prensa y las explosiones descubren los cráteres que han producido los aviones corruptos en las arcas estatales, presentándonos un panorama abrumador y, lo que es peor, sin poder contar con ningún tipo de refugio en el que protegernos.

Quiero pensar que si aquellas gentes, nuestros padres y nuestros abuelos, consiguieron superar aquella posguerra, nosotros haremos lo mismo. Pero no para de rondarme por la mente que nos falta algo que por entonces sí tenían y ahora no tenemos, “espíritu de superación, pundonor y orgullo”.

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