DESDE BARCELONA.
Espectáculo bochornoso.
[Jordi Querol]

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Lo del Partido Popular (PP) es realmente descomunal, un espectáculo bochornoso. No estoy hablando de sus actuales e innumerables problemas de corrupción que, estos días, figuran con grandes titulares en las portadas de todos los periódicos del país, en la radio y la televisión, me refiero a como están tratando el asunto catalán. Nunca jamás había visto tanta falta de inteligencia, de imaginación; tanto desliz, tanta insensatez, tanta contradicción.

Nací hace muchos años en Cataluña, y siempre he vivido en Barcelona, por lo tanto, sé muy bien quienes son mis conciudadanos y, al haber leído algún que otro libro, también conozco las características básicas de esta nación española que tanto quiero. Por cierto, si algún lector cree que Cataluña no es una nación, conmigo no tendrá ningún problema; si quieren, como un día apuntaban los ‘Morancos’, podemos hablar de Cataluña como si fuera simplemente un lugar. Pues bien este ‘lugar’ tiene una característica fundamental y básica: Cataluña es un espacio plural. Al ser una zona geográfica de mucho tránsito y muy visitada, asediada a través de la historia por infinidad de tribus distintas, los catalanes nos hemos cruzado con un sinfín de estirpes, por lo tanto, no solo no tenemos una tipología física identificable sino que, además, nuestras creencias tampoco siguen los mismos derroteros: nuestras ideologías y principios son múltiples. Al igual que el cemento (la ‘mezcla’) sirve en las obras de construcción para aglutinar distintos elementos y revocar, estas diversidades catalanas también tiene unas referencias que las van uniendo. Entre miles de otras cosas, nos extasía ver las montañas de Montserrat, el 23 de Abril celebramos con una ilusión especial el día del libro (Sant Jordi), nos encandila montar nuestra propia empresa, somos felices teniendo una libreta en ‘la Caixa’, el día de Reyes (6 de Enero) comemos roscón, nos entusiasma viajar, somos ahorradores y nos gusta votar. Cuando hacemos esto último, aceptamos los resultados y, por lo tanto, en el parlamento catalán hay de casi todo (ERC, CiU, PSC, PP, IC, Ciutadans, CUP…).

Cuando el PP era simplemente un partido de derechas sin mayoría absoluta el conflicto catalán era mucho más llevadero ya que los votos de CiU eran necesarios para gobernar. Ahora, cuando además de la inconmensurable y fastidiosa crisis general, el PP abarca la extrema derecha y tiene mayoría absoluta, el problema resurge de manera violenta y un gran número de catalanes cree que separarse de España es su solución. Delante de un conflicto político de esta envergadura hacía falta aptitud, estrategia y mucho oficio político y, el PP, ha demostrado no tener ninguno de estos tres talantes, por lo tanto, el problema se ha agravado y multiplicado. Primero no quiso negociar ningún pacto fiscal, después impidió hacer una consulta con todas las garantías democráticas y, cuando 2.300.000 catalanes recurren a un modelo sin garantías, entonces se les reprocha que no las cumplan. Delante de este espectáculo bochornoso, los catalanes no separatistas como yo no solamente estamos cansados, aburridos y exasperados, sino que además no vemos claro nuestro futuro. La corrupción generalizada nos avergüenza; el inmovilismo, la soberbia y las espadas de la ultra derecha nos repugnan; los emergentes partidos de izquierdas nos espantan; y el auge y la tozudez de los independentistas nos aturden.

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